MICAELA FERNÁNDEZ

El Foro Cultural Ciudad de Mula, emitía una nota a través de redes sociales, donde destacaba la pérdida irreparable para la fe católica y el patrimonio histórico-artístico nacional con el cierre del Convento de La Encarnación de Mula.

“El cierre del Real Monasterio de la Encarnación de Mula es inminente. Desde hace meses las informaciones públicas y privadas han sido constantes, entre un silencio, aparentemente cómplice, de apatía y desinterés. ¿Cómo se puede entender que en pleno siglo XXI, y “casi de espaldas” a las autoridades, que tienen la obligación de velar por el patrimonio, se pueda estar desmantelando, poco a poco, un monasterio de más de trescientos años de historia, cuyo solar sagrado se remonta, al menos, al siglo XIV? Es uno de los dos únicos conventos de fundación real del reino de Murcia, junto a Las Claras, de la capital y, posiblemente, el más rico en obras de arte de nuestra región.

En los últimos meses no han sido pocos los camiones vistos a las puertas del monumento, ¿habrán sido ya trasladadas las valiosas piezas de su interior y sustituidas por otras de escasísimo valor? Estremece imaginar que haya podido suceder esto en la zona de clausura, que muy pocas personas han visitado, pero que maravillaba a los afortunados invitados, por la gran cantidad de cuadros, esculturas y muebles que la adornaban. Nada quedará si la sociedad murciana no se moviliza para gestionar bien el cierre de este monasterio, solo un viejo edificio sin valor, ni uso, vacío y frío, expuesto a su asalto y destrucción, como el de las carmelitas de Caravaca, el único fundado por Santa Teresa de Jesús en nuestra tierra, y dejado, inexplicablemente, perder: ¡Un auténtico escándalo!

Cuenta este cenobio con innumerables piezas sobresalientes del arte español, muchas traídas, exprofeso, a finales del siglo XVII, cuando fue fundado por el príncipe don Juan José de Austria bajo el patronato de Carlos II. Retratos reales, cuadros italianos, flamencos, pintura colonial, marfiles filipinos, cofres namban japoneses, bellísimas piezas de escultura foránea y murciana, el archivo histórico, la antigua biblioteca, etc.

Todo será repartido, catalogado o no, entre otros monasterios de la Orden, fuera del contexto para el que fue hecho o donado, y que, en parte, vino a rescatar la Junta Delegada del Tesoro Artístico en 1936; hoy en más riesgo de perderse, sin guerras y con leyes. ¿Saldrán algunas obras de nuestra región para siempre? ¿Acabarán en manos, dentro de veinte, treinta o cincuenta años, de anticuarios, en colecciones privadas o en museos extranjeros? La ciudad de Mula verá esfumarse más del 80% del patrimonio religioso anterior a la Guerra Civil, pues sus templos fueron arrasados, no así su casco antiguo, conjunto histórico-artístico, y uno de los más importantes del sudeste español, necesitado del revulsivo del turismo.

El Real Monasterio es uno de los edificios emblemáticos del barroco murciano, destino del Camino de la Cruz, por contener la Santa Espina de la corona de Cristo, ser centro de las festividades religiosas del Niño del Balate, y sede de una de las cofradías más populares de la comarca, la de Jesús Resucitado. Se aducen falta de vocaciones, es obvio, no es el único monasterio que corre el riesgo de cerrar, ni el último, en España se clausura uno al mes, pero por su valor histórico, patrimonial y religioso debemos conservarlo. Mientras el de Mula peligra, otros de la misma orden se mantienen, con muchísima menos relevancia, algunos en edificios modernos. Apostamos por un acuerdo amistoso, la cesión del conjunto a la Comunidad Autónoma y al Ayuntamiento, con sus obras de arte expuestas en su lugar original, y un museo que sirva para mostrar a las generaciones más jóvenes la vida contemplativa, como la pervivencia religiosa del templo, la continuidad de la hospedería y el obrador. Así seguirían beneficiándose económicamente las monjas clarisas, sin perder lo que es suyo, pues si se fueran desearíamos en un futuro su vuelta. Pedimos generosidad y entendimiento a la Iglesia, no podemos terminar así con tantos siglos de unión de un pueblo con el franciscanismo. Salvar el Real Monasterio trasciende a los que en el presente vivimos, estemos a la altura, en el futuro no nos perdonarán haber sido tan torpes e incultos. No traicionemos el deseo de sus fundadores, ni de las hermanas que lucharon por él y yacen bajo su suelo”.