José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.

La aparición de la reedición de la  Cartilla Garabatos, en la que aprendimos a leer y escribir muchos niños de muchas generaciones en España durante los largos años de la posguerra, motiva a recordar en las páginas de EL NOROESTE a su autor, el maestro nacional D. Jesús Álvarez Pérez quien, junto a su esposa Dª. Felisa Hortigüela, tras recorrer varios pueblos de la Península, recabó en Caravaca en 1950, donde formó parte del equipo de trabajo que compuso la célebre Enciclopedia Álvarez y elaboró la Cartilla a la que acabo de referirme, simultaneando esta actividad con el trabajo docente en la escuela.

Don Jesús era natural de Ceadea, pequeña aldea de la provincia de Zamora, donde nació en 1907 en el seno de una familia en la que él era el mayor de seis hermanos (cinco varones y una hembra), donde el padre se dedicaba a la agricultura y a las representaciones comerciales, y a la que muy pronto faltó la madre.

A los 9 años ya estaba interno en el colegio de los Agustinos de Valladolid, donde conoció al P. Arrupe (luego Prepósito General de los jesuitas) y al escritor Miguel Delibes, con quien se carteó durante muchos años. En la ciudad castellana referida cursó los estudios primarios, los secundarios y los de Magisterio, y también allí, en la Normal de Maestros, conoció a quien con el tiempo sería su esposa: Dª. Felisa Hortigüela Pérez, natural de la aldea burgalesa de Sarracín.

Concluida la carrera y aprobadas las oposiciones contrajeron matrimonio y obtuvieron su primer destino en Ceanuri, localidad bilbaína donde, en 1936 nació su primera hija: Menchu y donde vivieron el bombardeo de Guernica.

Depurados políticamente, como tantos maestros españoles, durante los primeros tiempos de la dictadura del general Franco, y repuestos pronto en sus puestos de trabajo, fueron destinados a Lemoniz (Bilbao), donde nació su segunda hija: Angelines, obteniendo destino docente en 1940 en Atamaría, localidad del Campo de Cartagena, desde donde se trasladaron, por concurso de traslados, a la pedanía ceheginera de Canara y posteriormente a Caravaca, como se ha dicho, en 1950.

En Caravaca establecieron el domicilio familiar en el nº 28 de la C. del pintor Rafael Tejeo, siendo destinado él al grupo escolar que funcionaba en al C. del Poeta Ibañez y ella al que abría sus puertas a la C. del Teatro, frente a la entrada del Thuillier.

Don Jesús fue siempre hombre de temperamento emprendedor, nada interesado y esplendido, que trabajaba diariamente desde las cinco de la mañana y que siempre simultaneó la labor docente con otras empresas en beneficio de los demás. Durante su estancia en Canara montó una tejera asociándose con el médico D. Gregorio Mayor. Como la mayoría de los habitantes del lugar no sabían ni leer ni escribir, y con la anuencia del alcalde de Cehegín Gaspar Muñoz, montó escuela nocturna de adultos en la que hubo de motivar la asistencia entregando cartillas de racionamiento de tabaco, que no obtenían quienes no asistían; y montó, también, con la colaboración del citado alcalde, una cooperativa denominada: Cunicultura del campo, en la que sus alumnos eran los cooperativistas comercializando la cría de conejos y siembra de hortalizas.

Ya en Caravaca se empleó de lleno en el equipo que, dirigido por su hermano Antonio (también maestro), compuso y editó la famosa Enciclopedia Álvarez, editada en Valladolid por la ya desaparecida Editorial Miñón (editora del diario El Norte de Castilla), donde aprendimos mucho de lo que sabemos, bastantes generaciones de españoles, y en la elaboración de la Cartilla ya referida Garabatos, inicialmente editada por Tipografía San Francisco de Murcia.

Garabatos se editó en tres volúmenes y se anunciaba: para la enseñanza de la lectura, escritura y dibujo simultáneamente. Vendiéndose a 2, 3 y 5 pts según el grado. Junto a la Cartilla,D. Jesús compuso Mi diario de preparación de lecciones (también en tres volúmenes), donde se orientaba al maestro para el trabajo de cada sesión, ajustándose en todo a los Cuestionarios Nacionales emanados del entonces Ministerio de Educación Nacional cuyo titular era, a la sazón el ministro José Ibañez Martín.

Tras muchos años aparentemente perdida, pero muy viva en el recuerdo de las gentes, se reeditó la vieja Enciclopedia Álvarez, y ahora, en pocas semanas, volverá a ver la luz la no menos vieja Cartilla Garabatos, gracias al trabajo de la editorial Edaf, que ya no verá D. Jesús pero sí sus antiguos alumnos, niños entonces y hoy venerables padres y abuelos.

Don Jesús, que inicialmente se desplazaba por las calles y plazas de Caravaca en una vieja moto Guzy, lo hizo después en un todoterreno Land Rover, matrícula de Murcia 30400 que aún está en el mundo. En los últimos años de su estancia en Caravaca trasladó el domicilio familiar al edificio de Los Arañas (en la C. del Dr. Fleming), haciéndolo finalmente a Murcia, tras su jubilación, a los 65 años, en 1963.

Víctima de un efisema pulmonar, D. Jesús falleció en Murcia el 24 de septiembre de 1982, con 73 años, sobreviviéndole su esposa, Dª. Felisa durante diecisiete años, quien murió el 31 de mayo de 1999, con 94 años, y dejó, como aquel, un recuerdo imborrable entre sus alumnos, amistades y sociedad en general. Recuerdo que sin duda se actualizará en el presente, tras la publicación de la Cartilla, en la que, entre otras curiosidades, para enseñar a escribir las palabras morito y morita, inmortalizó los dibujos de sus nietos Toni y Pilar vestidos de Abul-Khatar caravaqueños.

Ya a las puertas de su muerte, D. Jesús comentaba frecuentemente a su esposa: Nos hemos ganado la vida y hemos vivido para lo que más hemos querido: nuestra profesión de maestros y nuestras hijas. Sin duda que fue así pero, por lo que socialmente se le recordará con veneración, es por haber difundido (inintencionadamente) el nombre de Caravaca, a través de su trabajo en la Enciclopedia y Cartilla, en la mesa de su despacho de la C. Rafael Tejeo, desde donde colaboró de manera muy especial en el aprendizaje de la lectura y la escritura, mediante el denominado método onomatopéyico, a millones de niños y niñas españoles, que nunca supieron quien fue D. Jesús ni en que lugar se concibieron y escribieron aquellos libros de texto.