Francisco Fernández García (Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

El 3 de octubre de 1614 y desde San Lorenzo del Escorial, el rey Felipe III concedió licencia a Juan de Robles Corbalán para que pudiese imprimir el libro que había escrito sobre la historia y milagros de la Cruz de Caravaca. Aunque el relato de su milagrosa aparición había aparecido ya en algunos libros anteriores, Robles Corbalán fue el primero que abordó la narración completa de la tradición histórica existente al respecto fundamentándola con múltiples principios teológicos y referencias documentales, completando todo ello con una breve descripción de la villa de Caravaca y su historia.  Hay que señalar que una década antes el licenciado Mata emprendió un trabajo similar que nunca llegó a publicar pero cuyo manuscrito fue utilizado por Robles Corbalán para la documentación del suyo.

Portada del libro

Portada del libro

La vida de Juan de Robles Corbalán es bastante desconocida, aunque sabemos que fue hijo de Diego Corbalán de Reina y de Catalina de Robles y que tuvo un hermano llamado Diego Corbalán. Nació en Caravaca en la segunda mitad del siglo XVI, en fecha que no podemos precisar, estudiando humanidades, filosofía y teología, materias en las que se licenció y de las que llegó a ocupar cátedras durante algún tiempo, renunciando posteriormente a estos cargos para dedicarse al ejercicio del sacerdocio. No se conocen tampoco los lugares donde desempeñó su ministerio sacerdotal, con excepción de los doce meses en que fue capellán de la Stma. la Vera Cruz de Caravaca casi al final de su vida, concretamente entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 1621. Falleció en Murcia, donde se encontraba residiendo temporalmente en la casa de Nicolás Torrecilla, el 11 de diciembre de 1622, dejando facultado a este para que eligiera el lugar donde recibiría sepultura. En su testamento dejó por heredera a su sobrina Catalina de Robles, soltera en esos momentos, especificando que si no tuviera hijos legítimos a lo largo de su vida, a su muerte los bienes deberían ser entregados a la Cofradía de la Concepción, a la que dejó dos ducados de limosna, lo mismo que a la Cofradía de la Cruz.

Escribió,  que se sepa, dos libros. El primero en 1600 titulado Historia de las grandezas del noble reino de Murcia y de los maravillosos portentos de la Santa Cruz de Caravaca, cuyo manuscrito original constaba de 300 folios y que no llegó a editarse e Historia del mysterioso aparecimiento de la Santísima Cruz de Caravaca. Este debió de redactarlo en los primeros años de la segunda década del siglo XVII, ya que a principios de 1614 presentó ante el Consejo Real una copia del manuscrito para su obtener la necesaria licencia para su publicación, manifestando que «era muy vtil y prouechoso, y era justo que todos lo supiessen, y tuuiessen deuocion con la dicha Santa Cruz, por ser hecha de la misma en que Nuestro Señor IesuChristo padecio». Este organismo lo dirigió a D. Francisco Martínez, Obispo de Cartagena, cuya aprobación era imprescindible.

El 28 de abril de ese año, excusándose por las muchas obligaciones que tenía, el mencionado obispo encargó su examen a los padres Baltasar del Castillo y Hernando de Salazar, lectores de teología, escolástica, y escritura sagrada del Colegio que la Compañía de Jesús tenía en la ciudad de Murcia, quienes dictaminaron positivamente el 12 de junio del referido año, por lo que en esa misma fecha el obispo otorgó su autorización. Para pasar la correspondiente censura eclesiástica el rey lo remitió al carmelita fray Francisco de Jesús, quien informó favorablemente el 8 de septiembre de dicho añoconsiderando que «no contiene cosa alguna, en que se pueda reparar: y tiene muchas de tanta piedad y deuocion, que merece por ellas el autor la licencia que suplica». Finalmente y a tenor de todos los dictámenes referidos, el rey Felipe III concedió licencia para su impresión y venta, con la condición expresa de que una vez editado y antes de ser puesto a la venta debía presentar una copia del libro para cotejarlo con el original y comprobar que no existía cambio alguno.

Superados todos estos trámites, fue al fin impreso en 1615 en Madrid en el taller de la viuda de Alonso Martín. Tuvo una gran difusión, no solo en España, sino también en Europa e Hispanoamérica, realizándose versiones en latín, alemán, francés e italiano. A pesar de los numerosos procesos y exámenes por los que pasó, tras su puesta a la venta el libro fue denunciado a la Santa Inquisición, que volvió nuevamente a revisarlo mandando quitar o tachar los párrafos que narraban el intento de robo de la reliquia perpetrado por un clérigo enviado con esa misión por la santa iglesia catedral de Toledo.

La obra, que fue titulada Historia del mysterioso aparecimiento dela Santisima Cruz de Carabaca e innumerables milagros que Dios nuestro señor ha obrado y obra por su deuocion, consta de 133 páginas y está dividida en dos partes. La primera dedicada a la descripción e historia de la villa de Caravaca, la aparición de la Vera Cruz, Ceyt Abuceyt y su conversión al cristianismo y la presencia de las ordenes militares del Temple y Santiago en nuestra población. Especialmente curiosas son las traducciones que ofrece de los enigmáticos signos presentes en la llamada Ventana de la Aparición y de otros similares, actualmente desaparecidos, labor que encargó al granadino Miguel de Luna, uno de los artífices del fraude de los libros plúmbeos del Sacromonte, y cuya fiabilidad es nula. En la segunda parte narra algunos milagros realizados por la Vera Cruz, la aparición de Jesucristo en la vecina villa de Moratalla así como la fundación de los conventos de Caravaca y el inicio de la construcción de nuevo templo de la Vera Cruz. A pesar de las varias inexactitudes que contiene, en ocasiones debidas a algunas de las fuentes que utiliza que no son otras que falsos cronicones de gran circulación en su época, el libro incluye muchos datos de interés con fidedignas trascripciones de documentos relevantes y es una obra fundamental para el conocimiento de la historia, culto y festividades de la Vera Cruz y de la villa de Caravaca. Una última observación, se tiende a pensar que la causa de que no aparezcan reseñados en le libro determinados rituales y actos es su inexistencia en esa época alegando la gran experiencia que Robles Corbalán tenía en estos asuntos por ser capellán de la Cruz, pero vuelvo a recordar que lo fue casi una década después de la redacción del libro por lo que es posible que la omisión pudiera deberse al desconocimiento o a considerarlos de poca importancia.

En el Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz tenemos un ejemplar original que perteneció al historiador Emilio Sáez y que fue donado al mismo por sus herederos.