Francisco Fernández García/(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

En la Caravaca de finales del siglo XIX los días de mayor actividad económica tenían lugar durante la feria. La población esperaba con ansias la llegada de este acontecimiento que atraía gran cantidad de visitantes, las calles se llenaban de gentes, los comercios incrementaban sus ventas, los ganados según su género se instalaban en los lugares acostumbrados para su venta y exposición, el real se llenaba de casetas de todo tipo, comerciales y también de diversión y entretenimiento, y se programaban representaciones teatrales de primera fila para disfrute de los aficionados. Pero sin duda alguna, de entre todos los espectáculos, los más relevantes y de mayor interés para el público eran los taurinos, siendo este el motivo de que en 1880 un grupo de caravaqueños constituyese una empresa con el fin de construir una plaza de toros en nuestra ciudad: “El objetivo principal de esta construcción primera, a la que seguirán otras importantes, es dar animación a las ferias de esta ciudad, ferias de suyos importantes, que con muy pocos estímulos llegará a ser de las primeras de la provincia”. La plaza se inauguró en la feria de ese año, figurando entre las condiciones de su arrendamiento la obligatoriedad de celebrar dos corridas de toros en la feria de septiembre y dos novilladas en las fiestas de mayo, lo que indicaba claramente la pujanza comercial de feria caravaqueña. Así pues, fue norma en los primeros años de funcionamiento de la plaza la presencia de algunas de las principales figuras del toreo de esa época. En esta ocasión vamos a recordar una de ellas, la del primer matador de toros de la dinastía de “los Gallos”, que actuó en las dos corridas formalizadas en la feria de 1885, cuya realización no estuvo exenta de dificultades, haciendo que el nombre de Caravaca apareciese en las principales revistas taurinas del momento.

Cartel de la actuación de El Gallo en Caravaca

Cartel de la actuación de El Gallo en Caravaca

Pero antes de entrar en detalles, vamos a conocer un poco al protagonista. Aunque el primero en su familia en dedicarse a los toros fue su hermano mayor José, que fue banderillero catorce años con “Lagartijo”, el fundador de la dinastía de “los Gallo”, fue el sevillano nacido en Gelves Fernando Gómez García, que tomó la alternativa en dos ocasiones, la primera en 1876 y la segunda, tras haber perdido la categoría por haber servido de banderillero con “El Gordo”, el 7 de octubre de 1877; confirmándola en Madrid en abril de 1880 de manos de Francisco Arjona “Currito”, matador que cinco meses mas tarde sería el encargado de inaugurar el coso caravaqueño. Como su hermano José usaba el apodo de “El Gallo”, en realidad se lo pusieron a él por su curiosa forma de banderillear “dando saltitos”, Fernando comenzó a anunciarse como “Gallito” o “Gallito chico”, hasta finalmente pasar a usar el de su hermano, que terminó dando nombre a todo el clan familiar. Fernando se casó con la bailaora Gabriela Ortega, también de familia torera ya que tres de sus tíos fueron banderilleros de prestigio formando parte de las cuadrillas de “El Tato”, “Frascuelo” y “Cúchares”. También fueron tres los hijos del matrimonio que se dedicaron a este arte: Rafael Ortega “El Gallo”, que toreó en Caravaca en 1927, Fernando Gómez “Gallito” y José, llamado primeramente “Gallito” y más tarde “Joselito”, apelativo con el que ha pasado a historia de la tauromaquia como uno de sus mayores artistas.

Volviendo a Caravaca hay que anotar que ya en 1884 la empresa arrendataria de la plaza contempló la posibilidad de llevar a cabo para la feria dos corridas con los astros del momento Fernando Gómez “El Gallo” y Luís Mazzantini, pero la delicadasituación económica unida a la inseguridad de poder celebrarla por la amenaza de epidemia hizo que se cancelara el proyecto, sustituyéndose por dos novilladas. El año siguiente fue aún mas problemático ya que durante el verano hubo una gran mortandad debido al cólera, pero la epidemia se dio por finalizada a principios de septiembre por lo que pronto se puso todo el interés en la organización de la feria anunciando que “habrá corridas de toros y compañía de zarzuela” y prometiendo mas animación “por causa de haberse suspendido muchas otras que hubieran tenido efecto antes de la nuestra”. Para la corrida de toros se pensó nuevamente en Mazzantini, pero al no llegar a un acuerdo, se recurrió a “El Gallo”, por el que había también gran interés desde el fallido intento del año anterior, que llevó por compañero a Miguel Almendro, contratándose para la ocasión dos corridas de toros de cinco años, de la ganadería de Flores, que causaron gran admiración: “Amigos nuestros que han visto el ganado que se ha de torear en la plaza de esta ciudad los días 29 y 30 aseguran que son dignos de ponerse al lado de los más bravos de las mejores ganaderías”.

“El Gallo” llevaba en su cuadrilla al extraordinario torero Rafael Guerra “Guerrita”, que en ocasiones compartía con él el cartel, lo que le había hecho acreedor de cierto renombre generándose la natural competencia entre ambos. En este año de 1885 se anunció que “Guerrita” abandonaría la cuadrilla al finalizar la temporada, pero la situación entre ellos llegó a tal punto que fue justamente antes de las corridas de Caravaca cuando se produjo la ruptura entre ambos. No están claras las circunstancias, existiendo varias versiones con algunas pequeñas diferencias entre ellas. La que se dio en ese momento fue la aparecida en “La Lidia”, la revista taurina de mayor tirada de la nación: “La empresa de la plaza de toros de Caravaca escrituró al Gallo para dos corridas de toros, con la condición expresa de que Guerrita figurase en la cuadrilla. Parece ser que Fernando ofreció a su banderillero la muerte de los dos últimos toros, a lo cual se negó Guerrita, diciendo que solo figuraría como banderillero. Aceptadas por la empresa de Caravaca estas condiciones, cerrado el trato y arregladas las cosas con las formalidades debidas, hubo, según cuentan, de avistarse con el Gallo persona muy allegada a Guerrita, la cual persona declaró a Fernando que su banderillero no estaba dispuesto a ir a Caravaca por ningún concepto, y que de lo estipulado anteriormente, no había nada. Diz que la que allí se armó fue de las de San Quintín; que hubo expresiones muy agrias, y que últimamente salieron a relucir los argumentos que los latinos llaman ad hominem; lo decimos en latín para que no se ofenda nadie”.

Cossío, en su monumental obra sobre la tauromaquia, narra así el suceso: “Parece ser que este (Guerrita), dada la importancia que el público concedía a sus faenas, actuaba alguna vez independientemente de la cuadrilla del Gallo, y hasta en fechas incompatibles. El conflicto surgió por dos corridas que el Gallo contratara en Caravaca, con la condición expresa de que Guerrita había de figurar en la cuadrilla. Lo cierto es que Guerrita se negó a acudir a estas corridas y que el Gallo prescindió de sus servicios”. Por su parte, el crítico y cronista José Antonio Ganga, en su serie “Mas de medio siglo viendo toros” publicada en el diario La Verdad en 1976, la refiere del siguiente modo: “Rafael Guerra y Bejarano Guerrita, fue durante varios años banderillero de Fernando Gómez y García El Gallo, padre de Rafael y Joselito. En aquella época se dijo mas de una vez que el señor Fernando toreaba algunas corridas mas de la cuenta por la categoría de su rehiletero, pues en algunos contratos tenía que hacer constar que formaría parte de su cuadrilla el que andando el tiempo sería segundo “Califa” de Córdoba. Era muy rara la temporada en que se comentará que Guerrita sería contratado por Rafael Molina y Sánchez Lagartijo, hasta que llegó el momento que la noticia se confirmó y de muy mala manera para El Gallo. ¿Dónde se enteró el padre de Joselito? Pues fue precisamente en Caravaca, en donde tenía firmadas Fernando Gómez dos corridas con la obligación de llevar como banderillero al Guerra. Y Guerrita, sin comunicarle nada a su jefe, no hizo acto de presencia en Caravaca. ¡Menudo disgusto se llevó el señorFernando, el gran teórico del toreo!”.

A pesar de la expectación, la feria fue menos concurrida que años anteriores, traduciéndose en perdidas para la empresa taurina. Las corridas, sin embargo, fueron buenas, especialmente la primera en la que sobresalió “El Gallo” en su primer toro, destacando asimismo la bravura del quinto, que tomó 17 puyazos y mató 6 caballos. El banderillero Ramón López, hermano del matador Gabriel López “Mateito”, que años después torearía también en Caravaca, resultó herido al recibir un puntazo durante la lidia del segundo toro. La segunda corrida, mas floja, tuvo la anécdota de que se lidiaron solo cinco toros, al haberse escapado uno durante el transporte y no haber sobrero.