Francisco Fernández García/(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Voy a narrar en esta ocasión un suceso bastante desconocido puesto que apenas ha sido tratado por la historiografía caravaqueña, me refiero al incendio que se produjo en el Castillo el 29 de septiembre de 1772. Curiosamente este año fue bastante problemático para la Cofradía de la Stma. y Vera Cruz ya que en el cabildo ordinario celebrado el 7 de mayo nadie se ofreció a ocupar el cargo de mayordomo de la misma, por lo que sus funciones y administración tuvieron que ser asumidas por el Ayuntamiento ejerciendo el derecho de patronato que le correspondía. Esta situación se mantuvo durante casi un cuarto de siglo ya que hasta el 14 de mayo de 1796 no hubo quien estuviese dispuesto a ello, siendo nombrado en esa fecha D. Diego de Uribe y Yarza que fue el primer hermano mayor, pues hasta entonces el cargo se denominaba como mayordomo.

Pero volvamos a los hechos, el 29 de septiembre, festividad de San Miguel, de 1772    se produjo un grave incendio en el interior del Castillo de Caravaca. Hacia las 6 de la madrugada de ese día algunos madrugadores vecinos observaron el humo que salía de este edificio comenzando a proferir gritos para dar aviso a las autoridades y al resto de la población de lo que estaba sucediendo, al mismo tiempo comenzaron a tocarse las campanas para convocar a los vecinos para sofocarlo. El origen tuvo lugar en un horno que existía en el patio del castillo que prendió la leña que se almacenaba junto a él. Se inició durante la noche pero no fue observado hasta la mañana cuando las llamas se elevaban sobre los tejados.

La llamada fue seguida masivamente y en elevado número se dirigieron al Castillo. Al llegar comprobaron que las zonas más afectadas eran el patio, claustro y la casa del capellán mayor, cuyas maderas de los corredores eran pasto de las llamas, amenazando el fuego con extenderse al contiguo Templo de la Vera Cruz. El capellán que no se percató hasta que fue alertado por los que llegaban al castillo tuvo que saltar por la ventana para salvar la vida. Uno de los primeros en acudir al lugar fue D. Esteban Téllez Pacheco, Alcalde Mayor de Caravaca, que fue quien tomo el mando, dictando las ordenes oportunas para que tanto la Vera Cruz como sus alhajas se pusiesen en lugar seguro, parece ser que se trasladaron a la Parroquial de El Salvador, y para extinguir el fuego que con gran voracidad ya había consumido «los pajares, puertas ventanas y todas las maderas de la consistencia de los corredores». Se formaron varios grupos entre los allí presentes, dirigiéndose cada uno a las diferentes zonas afectadas. También acudieron con gran prontitud D. Pedro Becerra y Moscoso, Vicario y Juez Eclesiástico, y D. José Vallejo, Administrador de la Encomienda.

Tras muchas dificultades y esfuerzos, alrededor de las doce de la mañana quedó controlado el incendio gracias al eficaz e incansable trabajo de los maestros de obras, carpinteros y oficiales y a la colaboración de los muchos vecinos que llevaron agua. También tuvo lugar un prodigioso hecho que algunos no dudaron en calificar de milagroso, pues cuando mas crecido era el incendio y menos posibilidades veían de controlarlo uno de los sacerdotes que allí se encontraban cogió una Cruz de Caravaca de uno de los altares de la iglesia, no la auténtica evidentemente, y la arrojó al fuego, momento a partir de cual comenzó a remitir la intensidad del mismo, quedando finalmente apagado por la tarde aunque esa noche se colocaron centinelas para evitar que se reprodujera.

Los miembros del Concejo se dirigieron entonces al Ayuntamiento donde siendo las seis de la tarde se reunieron para adoptar los acuerdos necesarios para reparación de los tejados y demás zonas afectadas por el fuego, así como para que se mantuviese el culto a la Vera Cruz sin alteración alguna, facilitando al capellán lo que fuere necesario para ello y también para su acomodo personal. Al finalizar la sesión, el alcalde mayor y varios regidores regresaron al castillo para comprobar si había alguna novedad respecto al incendio.

El 3 de octubre volvió a reunirse el Concejo acordando la celebración de una función de gracias a la Vera Cruz por su ayuda y protección durante el incendio con misa, sermón y Te Deum, invitando a ella al Vicario, cabildo eclesiástico, comunidades de religiosos, personas distinguidas y a la población en general, habiendo quedado demostrado durante este aciago siniestro »la grande fee que los moradores de esta Villa tienen a tan grande simulacro pues no quedo quien no subio al socorro e por el que se logro el que el yncendio no hiziese el estrago que se consideraba pudiera haverse resultado y que milagrosamente por medio de la Cruz que se echo al fuego este se sofocara».

Durante las obras de reconstrucción de lo quemado se sustituyeron las columnas de madera del claustro por otras de piedra que son las que se conservan en la actualidad.

Todo lo narrado está atestiguado por varios documentos que se conservan en el Archivo Municipal y por un pequeño librito de autor anónimo que cuenta toda esta historia en verso y que con el título Estado historico, veridico, y circunstanciado, que manifiesta el Incendio en el Castillo Real, Fortaleza, y Basilica Real, de la Santisima Cruz de la Ilustre Villa de Caravaca, el dia de el Archangel San Miguel, 29 de Septiembre de el año 1772 fue publicado en Murcia poco tiempo después.