ORENCIO CAPARRÓS BRAVO

  La cuestión tiene carácter filosófico. ¿Qué es bondad y qué no lo es? Yo no me atrevo con los conceptos filosóficos y prefiero la narración escueta de datos y hechos; que cada cual ponga las categorías que vea por pertinentes.

      Recuerdo el tremendo peso que te caía durante la primera infancia  cuando alguien te etiquetaba como no bueno, o sea, “malo”, uno cargaba con su definición y actuaba según su papel, lo asumía con la dignidad que se tuviera. Dicho de otro modo, si se era “malo” no quedaba otra que representar el papel con la máxima dignidad posible y con los mínimos daños (cuando quedaba alguna veta de bonhomía). En fin, luego continúan con “la mala leche”, “retorcidos…”, etc, etc. Bueno, son modos sociales que sirven para catalogar a los individuos.

       A estas alturas me pregunto cuáles eran los criterios racionales para ocupar un lugar concreto en el catálogo. Quizás la apariencia física, quizás alguna gamberrada puntual. Vete a saber sino fue sólo algún disparate dialéctico en una noche de farra desnortada…

         Lo cierto y verdad es que, con el tiempo, he ido comprendiendo la enorme utilidad social y política que tienen estas clasificaciones simplificadoras, no sólo para los individuos, sino, en muchos casos para familias enteras. Cómo se economizan datos, se está en un grupo o se está en el otro, y punto; cualquier acto, cualquier posicionamiento están etiquetados de antemano. Aunque en teoría católicos, el calvinismo social hace mucho que nos ganó la partida.

       Lo de buenos y malos lo llevamos a sus últimas consecuencias cuando se trata de política; y tanto vale para los unos que para los otros.

        Hace unos días un socialista “de toda la vida”, y al que tengo por amigo, me preguntaba sino consideraba yo a Pepe Moreno como una buena persona. Para su sorpresa le dije que no, que no lo tenía por tal, que por más que se empeñen en culpar a sus adláteres  de los muchos errores cometidos, algo de responsabilidad tendrá quien los dirige. Además, le dije, que no creo que pueda haber bondad cuando alguien se niega a pedir disculpas ante la evidencia de la necesidad de pedirlas. No, le dije, no creo que sea propio de una buena persona acudir a la fiscalía por cualquier nimiedad, sabiendo los gastos económicos y sociales que conlleva. Me temo, que ante la parquedad de las realizaciones durante estos años en los que Dn. José Moreno ha encabezado un grupo que no esperaba ganar ni con las muchas calumnias vertidas; ante la misma nada, por muchos folletos que lancen, parece no quedarles  otra que hablar de buenas o malas personas, y aquí, aun siendo la realidad la que es, no se trata de eso, se trata de medir y valorar comportamientos, posicionamientos racionales, y sobre todo realizaciones concretas, no mentiras sobre la deuda, ni mentiras sobre el vergonzoso gasto social a la cola de España. 

       No soy adivino, ni lo pretendo, sí espero que el pueblo de Caravaca no olvide que fue víctima de una mentira repetida una y mil veces, pero mentira, que trajo como consecuencia el cambio político en el Ayuntamiento de Caravaca y el ascenso de individuos como Dn. Miguel Sánchez de C`S. Si la política no se puede convertir en campo de oportunismos, si pedimos honestidad y capacidad  para la gestión, no nos dejemos engañar otra vez, para descubrir dentro de cuatro años que se han perdido ocho y no hemos hecho otra cosa que retroceder. A tiempo estamos; y no juguéis al tópico de las bondades, eso valía cuando éramos niños. Ahora se mide por oportunidades perdidas, sean escuelas de cocina, agencias tributarias, subvenciones de todo tipo… Ahora se mide por promesas incumplidas, que no son pocas. Caravaca, los caravaqueños no nos merecemos ni un día más de este PSOE ni a nivel nacional ni local. Mi amigo socialista debiera escuchar a sus viejos ideólogos, Leguina, Guerra, González, algunos de los presidentes de comunidades autónomas, y no intentar justificar su voto cómplice con la “bondad” supuesta de alguien, que no la tiene para mi, aunque sus siglas se empeñen en ello.