Francisco Fernández García

(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

El inicio de la guerra civil española desencadenó una grave crisis monetaria especialmente en la zona republicana, donde se produjo un acaparamiento de las monedas de plata por parte de los particulares, debido fundamentalmente a que su valor material era mayor que el nominal y a la disposición del gobierno por recoger este tipo de moneda, acuñada en la época de Alfonso XIII, y sustituirla por otra de menor valor material, destinando el beneficio de la operación a hacer frente a los numerosos gastos producidos por la guerra, intentándose también con ello evitar una posible fuga de capital amonedado al extranjero.

Moneda de carton 1937 rev.

Moneda de carton 1937 rev.

La escasez de moneda comenzó a ser preocupante a finales de 1936, momento en que empezaron a circular algunos vales emitidos por comerciantes para facilitar las operaciones de compra-venta, pero estos vales no ofrecían muchas garantías ya que no estaban respaldados por ningún depósito bancario ni organismo oficial por lo que algunos ayuntamientos optaron ya en este momento por hacer una emisión de billetes municipales garantizados por el depósito correspondiente.

En Caravaca este problema se planteó algún tiempo después, concretamente en marzo de 1937. En esa fecha el entonces alcalde-presidente del Consejo Municipal de Caravaca, Pedro López Zamora, sin el acuerdo ni el respaldo de la corporación emitió unos vales de 25, 50 céntimos, 1, 2 y 5 pesetas, pero no hizo depósito bancario alguno por lo que en el mes de junio se procedió a la retirada de los mismos, con el consiguiente perjuicio para los comerciantes de la localidad. Durante este tiempo se produjo la marcha al frente de López Zamora, siendo sustituido en el gobierno municipal por Miguel Soler Miralles a partir del 29 de junio de ese año.

Uno de los principales problemas que se encontró en nuevo alcalde fue la escasez de moneda fraccionaria y la necesidad de sustituir algunos de los referidos vales que aún continuaban en circulación. Para intentar solucionar el primero de ellos el alcalde Miguel López Miralles propuso en el pleno celebrado el 27 de julio de 1937 la realización de una nueva emisión de billetes municipales por un importe total de 100.000 pesetas, repartidos de la siguiente forma: 25.000 pesetas en billetes de 25 céntimos, otras 25.000 en billetes de 50 céntimos y 50.000 en billetes de 1 peseta. La propuesta fue aprobada por el Consejo Municipal facultando al alcalde para la elección del papel y del diseño.

El diseño elegido fue una alegoría de la República en el anverso, juntamente con las firmas impresas del alcalde, del interventor y del depositario de los fondos municipales, así como la fecha del acuerdo y en el reverso la numeración y la letra de serie correspondiente. En cuanto a los colores, para los de 25 céntimos se eligió el azul, para los de 50 céntimos el lila y para los de 1 peseta el rojo.

Mientras tanto se continuó con la recogida de los vales, labor que, tras su aprobación definitiva en el pleno celebrado el 23 de septiembre, concluyó a finales de ese año. Durante este tiempo se utilizó también como moneda unos discos de cartón que llevaban adheridos sellos de diversos valores que habían sido autorizados por el Gobierno de manera transitoria para suplir la moneda fraccionaria y facilitar las pequeñas transacciones comerciales.

Tras realizar el depósito bancario necesario para garantizar el valor y concluir la recogida de los vales emitidos por Pedro López Zamora, la emisión de billetes se puso en circulación en marzo de 1938.

La emisión de este tipo de billetes fue general en toda la zona republicana. En Calasparra hubo una primera emisión el 25 de febrero de 1937 y otra el 2 de junio de ese mismo año; en Cehegín el 17 de febrero; en Bullas en marzo de 1937 y, finalmente, en Moratalla también dos, en marzo y agosto de 1937.