Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz
En el inestable panorama político español del siglo XIX, con constantes cambios de gobierno, guerras, alborotos y revueltas, con una desigualdad social cada vez mas acentuada y una población dividida en dos amplios grupos, liberales y absolutistas, constantemente enfrentados, fue habitual la celebración de sucesos de carácter civil que, con marcada intencionalidad política servían a los intereses de sus organizadores, que publicitaban los hechos en busca de las simpatías de amplios sectores de la población sin adscripción ideológica, fomentando al tiempo un patriotismo partidista, señalando cada cual a sus contrarios como los auténticos enemigos de la nación. Se trataban de celebraciones austeras, limitadas a un acto de afirmación, a veces también acompañado de una ceremonia religiosa y de sencillas manifestaciones públicas como alumbrado, colgaduras, repique de campanas, etc.


Vamos a recordar uno de estos casos, el merecido homenaje que Caravaca tributó al General Espartero a finales de febrero de 1856, momento en que ocupaba la jefatura del gobierno, a la que había llegado tras el triunfo del pronunciamiento del General O’Donell, respaldado por gran parte de la población, descontenta por las desigualdades y la injusticia social. Espartero aceptó la presidencia, dando inicio al periodo conocido como «bienio progresista», cuyos grandes logros fueron la Desamortización de Madoz, la Ley de Ferrocarriles y una nueva Constitución, de marcado carácter progresista, que, desgraciadamente, nunca llegó a aplicarse.
Joaquín Baldomero Espartero, gozó a lo largo de su vida del cariño y respeto de gran parte de los españoles, no solo por sus éxitos militares y políticos, sino también por su sencillez, honestidad y constancia, desarrollando una extraordinaria carrera que le llevaría desde los orígenes mas humildes, nació en Granátula (Ciudad Real) en 1793 en el seno de una modesta familia de artesanos, a ocupar los puestos mas relevantes de la nación, pues no hay que olvidar que, además de ser distinguido con ilustres títulos nobiliarios, se le llegó a ofrecer el trono de España, oferta que rechazó haciendo gala de su integridad y honradez.
Inicialmente destinado a la carrera eclesiástica, su vida experimentó un cambio radical al estallar la Guerra de Independencia, ya que abandonó sus estudios y se alistó en el ejército, iniciando una brillante carrera que se extendería durante las 3 décadas siguiente. Finalizada la guerra fue destinado a América, combatiendo la rebelión independentista de las colonias, regresando a España en 1824 con el grado de brigadier. Al año siguiente volvió a Perú, donde fue hecho prisionero por el ejército de Bolivar, estando a punto ser fusilado en varias ocasiones, retornando nuevamente a España tras su liberación. Al morir Fernando VII, apoyó la causa de Isabel II y de la regente María Cristina, combatiendo en la Primera Guerra Carlista, en la que tuvo un importante papel. Su victoria en el río Nervión en 1835 le valió para ser condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando y la Gran Cruz de Carlos III. En 1836 obtuvo el mando del ejército del Norte a raíz del motín de los sargentos de La Granja, rompiendo el cerco carlista de Bilbao con su victoria en la batalla de Luchana; este triunfo, recompensado con el título de Conde de Luchana, fue el principio de su popularidad «puso el nombre de Espartero en labios de todo el mundo, al menos en la España liberal, y lo convirtió en objeto de pinturas, innumerables artículos en periódicos, de discursos parlamentarios y también, sin duda, de conversaciones de café». Seguidamente derrotó a la llamada «Expedición Real» que, encabezada por el pretendiente carlista, pretendía conquistar Madrid. En 1839 obtuvo otro resonante éxito, al conseguir negociar la paz con el General Maroto, aprovechando las disensiones internas del bando carlista, sellando ambos el pacto el 31 de agosto, con el conocido «abrazo de Vergara». La feliz noticia llegó a Caravaca unos días más tarde, acordando el ayuntamiento su celebración con diversos actos: «Que en el domingo proximo quince del corriente se publique a voz de Pregón con asistencia dela Milicia Nacional de esta Villa, y personas de Providad y respeto a quien se imbitara para ello, asistiendo tambien la Musica Marcial: Que para la mayor solemnidad del acto se publique que enla noche del Savado haya Iluminación General en el Pueblo y Sereneta con la referida Musica en los Balcones de estas Salas Capitulares que estaran yluminadas y al dia siguiente Colgaduras: Que del mismo modo se oficie al Señor Cura Vicario que en el referido domingo se cante el Tedeum en la Iglesia Parroquial, al que asistirá esta Municipalidad; quedando el Ayuntamiento en disponer funciones publicas en dicho dia las mas acomodadas a este Pueblo; todo en obsequio de tan fausta noticia». Desgraciadamente desconocemos el programa de los festejos que se realizaron, aunque debieron de ser de cierta consideración, ya que se gastaron en ellos 700 reales. Posteriormente, se dirigió al Maestrazgo, donde venció al general carlista Ramón Cabrera el 30 de mayo de 1840, lo que puso fin a la guerra. La victoria de Morella fue recompensada con el Toisón de Oro y el ducado del mismo nombre. También este acontecimiento fue celebrado en nuestra población, haciéndolo coincidir con la festividad del Triunfo de la Cruz que tiene lugar el 16 de julio. La noticia de la derrota y expulsión del «sanguinario Cabrera» se supo en Caravaca en la tarde del día 13, festejándose esa misma noche con repique y volteo de campanas y música por las calles, acordando el ayuntamiento agradecer el suceso con un Te Deum cantado en la Capilla de la Vera Cruz, tras la función religiosa propia de la referida festividad. Durante los días 15 y 16 la población estuvo iluminada y engalanada con colgaduras. El fin de la guerra supuso para Espartero la dignidad de «Grande España» y los títulos de Duque de la Victoria y Vizconde Banderas.
Su carrera política se inició en 1836 al obtener el acta de diputado en las cortes generales; posteriormente sería elegido en otras 3 ocasiones, aunque nunca ocupó su escaño, renunciando a él a favor de otras provincias, pasando a ocupar el Ministerio de la Guerra en 1837. Tras las revueltas de 1840 fue nombrado Presidente del Consejo de Ministros, pero tuvo que dimitir al no contar con suficiente apoyo en la cámara, ocupando el 8 de marzo de 1841 la regencia tras la sublevación de varias provincias contra Maria Cristina. Este nombramiento fue igualmente celebrado en Caravaca: «se oficie al Señor Cura Teniente Vicario, a fin de que se sirba asistir con el clero a su Publicación que se verificara a las doce de este dia, y al Señor Comandante de las Armas para que con la clase de retirados asista igualmente, disponiendo tambien el repique general de Campanas y publicando que todos los vecinos iluminen las fachadas de sus casas desde las ocho de la noche en adelante, y disponiendo tambien que desde esta hora hasta las diez esté tocando la musica en el balcon de esta Sala Capitular que se hallaran iluminadas con anterioridad «. En 1843, un pronunciamiento militar encabezado por los generales Narváez y Serrano, le hizo abandonar el poder y exiliarse en Inglaterra, de donde regresó en 1849. Tras una década de predominio conservador, en 1854 se produjo una nueva revolución que le colocó otra vez al frente del gobierno. No obstante, la inestabilidad política y la conflictividad social experimentada a principios de 1856, fueron causa de que en diversas poblaciones se le rindieran homenajes, con la intención de restablecer la popularidad del «salvador y padre de la nación». Así sucedió en Caravaca, fijándose para el 27 de febrero, coincidiendo con su onomástica: «Se acordo tambien que por los dias del Ilustre Duque de la Victoria. D. Baldomero Espartero haya iluminación general en la Población en la noche del veinte y seis del coriente como vispera, y en el siguiente colgaduras: Que se oficie oportunamente a todas las Autoridades y al Sor. Teniente de Vicario para su asistencia al paseo Militar que debera tener efecto a las tres de la tarde del día veinte y siete, reuniéndose en la sala capitular: Que en la vispera y dia haya repiques y bolteo general de las campanas: Que se oficie tambien a los Señores Capitán de la Compañía Infantería Milicia Nacional y Gefe de la seccion de caballeria para la asistencia al paseo de la fuerza uniformada con la escuadra de franqueadores, pasandose tambien comunicación al Gefe del Puesto de Guardia Civil para su concurrencia; y que en el correspondiente dosel se colgaran en el balcón de las Salas Capitulares los retratos de S.M. la Reyna, Dª Isabel segunda, el de su augusto esposo, D. Francisco de Asis de Borbon, y el del benemerito patricio pacificador de España, Duque de la Victoria y de Morella».
Espartero abandonó definitivamente el gobierno en 1856; algunos años más tarde, destronada Isabel II por la Revolución conocida como «La Gloriosa», Prim y Madoz le ofrecieron la corona de España, rechazándola, como ya se ha dicho. No sería este el último intento de reintegrarlo a la vida política, en 1870 Prim le ofreció ser uno de los candidatos al trono y en 1873, tras la renuncia de Amadeo I, se barajó la posibilidad de ofrecerle la presidencia de la I Republica, pero Espartero no aceptó ninguna de las propuestas. En 1872, Amadeo I le concedió el título de Príncipe de Vergara, que conllevaba el tratamiento de «Alteza Real», privilegio que fue posteriormente confirmado por Alfonso XII. Falleció en Logroño en 1879.