TOMY CEBALLOS

Los que hemos tenido la suerte de conocer a Tomy Ceballos desde su infancia, sabemos que la genialidad brotaba por sus venas desde entonces, inmerso en un mundo paralelo en la concepción de su universo particular, pero sin alejarse de los que fueron sus amigos en aquel presente. Su peculiar aspecto nos hacía vislumbrar lo que ahora es evidente, su capacidad creativa manifiesta en su imagen revolucionaba un  entonces escaso de artistas y pronosticaba un futuro lleno de perspectiva. Siempre es bueno volver al inicio a donde comenzó todo, creo fehacientemente que la mayoría de los grandes lo hacen, es mostrar la verdad de uno  con la trasparencia de enfrentarte a aquellos que saben verdaderamente como eres y eso requiere adquirir una seguridad durante el camino que el sobradamente nos muestra.

Con un Curriculum impresionante nos presenta su excepcional trayectoria llena  de evolución y desarrollo de técnicas propias que convierten sus obras en preámbulos de sueños, llenas de poesía  en la conceptualización de la imagen y mostrándonos aquellos universos que ha madurado para dar forma en consecutivas líneas que  dibujan las imágenes más precisas y bellas, porque no decirlo. Su percepción de la gama cromática reducida por costumbre y uso, a blanco y negro nos induce al positivo y negativo abriéndonos camino para entender lo no entendible, la raíz pura y genuina del fotograma, que sin ninguna duda nos descubre al que a nivel nacional e internacional es considerado como el mago iniciático de este proceso creativo.

Su crecimiento nos muestra una obra en “Océanos Pacíficos” más reflexiva, en continuo proceso de oficio, sin  dejar de experimentar con los medios a su alcance; si antaño fue una máquina para sulfatar ahora se sumerge en el proceso tecnológico de los medios informáticos, para alterar la concepción a la que nos tenía acostumbrados de dibujar la luz literalmente, sin máquina, sin película, sólo y únicamente con el papel fotográfico y su manos. Hoy siendo purista a sus convicciones nos presenta los ciclos que permiten mantener la mente despierta y encontrarnos con la fantasía del abismo dulce y consentido, haciéndonos caer en el hechizo de no poder de dejar de  mirar sus obras y apreciar su sentido.