Francisco Fernández García
(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)
Uno de los personajes más ignorado de la historia de España es, sin lugar a dudas, el monarca Luís I; el desconocimiento de su figura es tal, que si se preguntara públicamente por su existencia, pocos serían los que contestarían afirmativamente. Las razones de ello se deben a la brevedad de su reinado, que no llegó a alcanzar el año, y a la ausencia de acontecimientos de importancia durante el mismo.


Luís I era hijo de Felipe V, el primer Borbón en ocupar el trono de España, y de Maria Luisa Gabriela de Saboya, y nació en Madrid el 25 de agosto de 1707, fue el primogénito del matrimonio y, por lo tanto, fue proclamado Príncipe de Asturias y heredero a la corona dos años mas tarde, el 7 de abril de 1709. Tuvo tres hermanos menores, dos que murieron en edad infantil, y Fernando, que reinaría con el nombre de Fernando I. En 1714 falleció su madre, contrayendo posteriormente su padre matrimonio en segundas nupcias con Isabel de Farnesio, con quien tuvo otros 7 hijos, entre ellos el futuro rey Carlos III. Luís fue un niño de naturaleza débil y afligida, situación que se agravó debido a la severidad con que fue educado tras la muerte de madre, por su tutora, la aristócrata francesa, Marie-Anne de La Trémoille, Princesa de los Ursinos; no obstante, su carácter fue cambiando con el tiempo, terminando por ser una persona extrovertida y jovial.
En 1722, cuando contaba tan solo 15 años, se casó con su prima, la princesa francesa Luisa Isabel de Orleáns, 3 años menor que él. De manera inesperada, el 10 de enero de 1724, Felipe V, abdicó a favor de su hijo, publicándose el decreto el día 16. La sorpresa que causó la noticia fue total, ya que nadie se explicaba a que se debía, aceptándola como una más de las excentricidades de este monarca, aunque en realidad obedecía a una extraña maniobra de distracción, pues mientras el nuevo rey se dedicaba exclusivamente a las funciones protocolarias propias de su cargo, su padre seguía dirigiendo el reino en una especie de corte paralela montada en el Palacio de La Granja, con la intención, en opinión de algunos, de quedar en una posición favorable para acceder al trono francés, ya que era hijo del Gran Delfín de Francia y nieto de Luís XIV, el Rey Sol, teniendo en cuenta asimismo, que el Tratado de Utrecht. Suscrito en 1715, prohibía que una misma persona detentase las coronas de España y Francia. En cualquier caso, Luís tomo posesión inmediatamente, cuando contaba solamente 16 años de edad. Su carácter afable y su gusto por las diversiones, le hicieron contar con el cariño de la mayoría de sus súbditos, popularizándose los apelativos de «El Bienamado» y «El Liberal», para referirse a él, aunque sus detractores lo calificaron de «bailón y juerguista», debido a algunos escándalos que protagonizó, siendo muy sonadas sus frecuentes visitas a ventas y burdeles.
En aquella época las comunicaciones eran difíciles y peligrosas, por lo que las noticias de la corte tardaban algún tiempo en recibirse en nuestra población. Pero en este caso la tardanza resultaba ser excesiva, ya que a mediados de febrero aún no había llegado ningún aviso oficial, a pesar de haber consultado el caso al Real Consejo «preuiniendo la falta de dicha orden», sin haber recibido tampoco respuesta. Conforme transcurrían los días la situación se hacía más confusa, ya que se tenían noticias de que otras villas y ciudades habían recibido el decreto: «pueden seguirse graues incouenientes, y resultar muchos daños, mayormente quando se tiene noticia de que en la ciudad de Murcia, capital de esta providencia se esta actuando y despachando en papel sellado en nombre de S.M. el Señor don Luís primero».
Por fin, el 26 de febrero llegó a Caravaca la Real Provisión informando de «la renuncia del Reyno hecha por el Señor D. Phelipe quinto en S.M. del Señor D. Luis primero, su hijo». Los miembros del concejo acataron la Provisión en la sesión celebrada ese mismo día, adoptando como primera medida habilitar las existencias del papel sellado por el monarca anterior para el nuevo reinado, de manera que «en adelante, y hasta nueba providencia se actue y llenen quantos instrumentos, pedimentos y demas despachos sean nezesarios a los negocios publicos». Seguidamente tomo la palabra el Gobernador y Alcalde de la villa, el licenciado D. Francisco Antonio Rodríguez Moreno, para proponer la celebración de tan importante suceso «en reconocimiento del amor, y lealtad que esta villa siempre ha tenido, y tiene alos Señores Reies, como sus señores naturales». La propuesta fue unánimemente aceptada, quedando fechada para el próximo domingo, que sería el 5 de marzo, la solemne proclamación del nuevo rey con un ceremonioso acto cívico, ordenando «se leuante el estandarte Real proclamando por el Rey y señor natural a su Majestad Católica el Señor Don Luís primero deste nombre, en los sitios, y partes publicas, con las mayores demostraciones, y autoridad que corresponde; a que concurrira esta villa y se previene al Señor don Fernando de Vribe, como Alferez Mayor theniente haga el conuite a las demas personas de distinción, para que concurran a dicha funcion». Para que el acto se celebrase con la mayor dignidad posible se dispuso la reforma de los tablados que se instalaban en la plaza para acomodo de las autoridades y sus invitados.
Se desconocen las demostraciones festivas que pudieron acompañar a este acto, para el que se libraron 250 reales de los propios de la villa, aunque si se sabe que hubo iluminación y volteo de campanas: «desde dicho dia se pongan luminarias por tres noches, y se haga repique de de campanas, para lo qual se de recaudo al Señor Vicario de esta Villa». Para asegurarse la presencia de la población al acto de proclamación, el ayuntamiento dispuso pasar el conveniente recado a los prelados de los conventos para que asistieran con sus respectivas comunidades y «se saque pena a cualquier vecino que faltare a esta demostración tan deuida».
A los pocos meses de su matrimonio enfermó de viruela y a pesar de los solícitos cuidados de su esposa, que llegó a contagiarse, no pudo superar la enfermedad, falleciendo el 31 de agosto de 1724, a los pocos días de cumplir 17 años, habiendo reinado exactamente durante 229 días. Su esposa regresó a la corte francesa, ya que no consiguió despertar nunca las simpatías de los españoles; por su parte, Felipe V abandonó su retiro en La Granja y volvió a ocupar la corona de España, aunque realmente era a su hijo Fernando, futuro Fernando VI, a quien le correspondía el trono, al haber abdicado su padre. El reinado de Felipe V duró hasta su muerte en 1746, siendo, hasta la fecha, el más prolongado de la historia de España, pues duró 45 años, contando, eso sí, el corto intervalo del reinado de su hijo Luís.