FELIPA GEA/Psicóloga, Sexóloga y Neuropsicóloga/

ESPACIO DE ALCOBA

Este mes me paso por aquí en una fecha señalada: “el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia de Género”, y que quede claro que esta violencia únicamente se da contra la mujer. ¡Basta de paparruchas! Es violencia de género y el único género denigrado en la sociedad es la mujer.

Esta vez vengo a contaros qué está ocurriendo con la violencia de género entre los miembros de la Generación Z, también conocida como Generación Ya. Para aquellas personas que se pueden estar perdiendo con estos vocablos, voy a hablaros de esta generación que ahora mismo se sitúa en la adolescencia, tomándola siempre desde un sentido ampliado. Pues hay que tomar en cuenta que la adolescencia ya no se acaba a los 18 años: ahora podemos hablar de “preadolescencia”, “adolescencia” y “postadolescencia”. Seguro que hay algunas madres y algunos padres que se están echando las manos a la cabeza.

Por mucho susto que nos dé la adolescencia es una etapa clave en el desarrollo de las personas, pues es donde terminamos de construir nuestra identidad y personalidad. Es una etapa de descubrimientos, de exploración, de desarrollo de capacidades…, pero a la vez es cuando más necesidad de aceptación y de pertenencia a un grupo tenemos. Es decir, es cuando más vulnerables estamos a la presión social y de nuestro entorno. Por este motivo es tan importante esa educación que nos hace libres y que nos hace respetar nuestros derechos (y los de las demás personas, por supuesto).

La encuesta realizada en 2021 por el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España sobre la percepción de la violencia de género en la adolescencia y juventud nos hace dilucidar el gran problema que existe en este ámbito, pues 2 de cada 10 hombres de entre 15 y 29 años considera que la violencia de género es un “invento ideológico”, que no existe. Esto se une a los últimos datos proporcionados por la Fiscalía General del Estado, donde las denuncias por malos tratos, abusos y agresiones en adolescentes menores de edad han aumentado un 25%. ¡Los datos son alarmantes! Además, la violencia psicológica y de control es la que más se escapa de la detección en general, pues únicamente 2 de cada 6 adolescentes la reconocen como violencia de género.

¿A qué se debe este repunte machista? Los factores son diversos y amplios. Uno de ellos es que se sigue aceptando en modelo patriarcal tradicional a nivel general, pues lo ven en sus casas y en las ajenas, en las películas y en las series, etc. Por lo tanto, ellos asumen que el control lo deben llevar ellos: los hombres. Algo que no sólo se convierte en un deber, sino que también en un derecho sobre la mujer. Este hecho también lo aprende la mujer, por lo que se hace más complicado que se tome consciencia de la violencia ejercida contra ellas.

Este modelo patriarcal fija una educación machista que predispone a los hombres a ser maltratadores y a las mujeres a sufrir violencia de género sin darse cuenta, ya que les impide identificar las señales. Algo que se une al erróneo concepto de amor instaurado socialmente: el amor romántico. Esa idea de que el amor es la panacea promueve estas actitudes machistas, haciendo que se ignoren una vez más dichas actitudes, esta vez en nombre del amor. Pues es la violencia psicológica y de control la que más sufren las adolescentes (25%), seguida de la violencia emocional (17%), las cuales, tal y como he dicho antes, son las que más cuesta identificar. Todo ello en una etapa clave para su desarrollo individual, que no sólo afectar su vida presente, sino que también la futura.

Finalmente, se hace necesario señalar el porno como otro factor clave en esta escalada hacia la violencia de género. Es la pornografía la que educa sexualmente a esta generación. Una educación basada en estereotipos sexistas, en violencias machistas, en falos y descargas, en la no-reciprocidad, etc. El modelo pornográfico se instaura como el modelo de sexualidad normativa y hegemónica: el hombre manda y la mujer acata. Por todo ello, no me canso de repetir que la clave para combatir esta violencia de género se basa en una educación sexual integral desde la perspectiva de género.

Recordad, ¡la enfermedad heteropatriarcal se cura con Educación Sexual! Yo, mientras os grabáis a fuego este concepto, espero vuestras preguntas, inquietudes y sugerencias. Por supuesto, si lo necesitáis, también podéis usar las diferentes vías para concretar vuestras citas.

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