FRANCISCO FERNÁNDEZ/ARCHIVO MUNICIPAL DE CARAVACA

El 24 de abril de 1837 se reunieron en el salón de plenos de ayuntamiento de Caravaca las autoridades municipales para tratar sobre los sucesos ocurridos el 10 de abril y ratificar en sus cargos a las personas que se nombraron ese día para ocupar los cargos públicos.


Durante los primeros meses del año 1837 la situación política estaba un poco revuelta, las presiones de los grupos conservadores unida a la posibilidad de un ataque de los rebeldes hacía peligrar la continuidad del ayuntamiento, la situación se agravó en los primeros días de abril cuando varios miembros del ayuntamiento abandonaron la villa, dejando un vacío de poder que comenzó a provocar alteraciones de orden público y algunos desordenes y alborotos. En la mañana del 10 de abril se reunieron los miembros del ayuntamiento que no habían dejado la población y algunos más para elegir nuevos cargos entre las “personas que a su onrradez y patriotismo sin tacha reunan las cualidades de activos y celosos para bien y prosperidad y tranquilidad de este benemérito vecindario”. Los elegidos para ocupar los principales cargos fueron D. Juan Torrecilla del Puerto como alcalde primero y D. Manuel de Amoraga y Torres como alcalde segundo. Mientras esto ocurría en las calles comenzaron a sucederse alborotos y manifestaciones que tuvieron que ser sofocadas por la Milicia Nacional, cuya presencia había sido requerida por las autoridades municipales, dándoles orden también para que vigilaran las calles de la población tanto de día como de noche.
Para evitar que se produjeran más sucesos de esta índole el recién nombrado ayuntamiento dictó un bando compuesto de 5 puntos que prohibía las reuniones, los gritos, el llevar armas, el cierre de las tabernas antes de la hora de la retreta y la presencia en las calles después de las 10 de la noche, obligando también a todos los vecinos a poner luces en las ventanas y balcones de sus casas al oscurecer. Estas medidas unidas al buen desempeño de sus funciones de la Milicia Nacional hizo que regresara la tranquilidad a la población.
El día 26 de abril se volvió a reunir nuevamente el ayuntamiento para dar las disposiciones necesarias para la celebración de día de la Reina gobernadora, circunstancia que les producía cierta inquietud ya que temían que los contrarios aprovecharan esta celebración para manifestar su desacuerdo y provocar algún incidente, acordando iluminar la fachada del ayuntamiento con 300 faroles, la realización de una solemne función religiosa en la Parroquial y la presencia de la banda de música de la Milicia nacional en todos los actos, teniendo también la obligación de ofrecer un concierto desde el balcón del ayuntamiento “para agradar y divertir al público con sus sonoros instrumentos”. Actos que se realizaron con total normalidad y sin altercado alguno debido a que la situación había sido controlada.