Francisco Fernández García/(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

El 22 de marzo de 1711 se presentó en el ayuntamiento de Caravaca D. Luís Francisco de Cisneros, regidor de la ciudad de Baza, en representación del Duque de Montalto para hacer «donazion y entrega solebne de una caxa de oro guarnezida de diamantes por ambas caras echura de la Santisima Cruz». La historia de este regalo comenzó unos días antes, en concreto el 9 de marzo, fecha en la que D. Fernando de Aragón y Moncada Luna y Cardona, Duque de Montalto y Bibona, Príncipe de Palermo, Marqués de los Vélez,  Gentilhombre de la Cámara del Rey y de sus Consejos de Estado y Guerra escribió una carta al Concejo de Caravaca ofreciéndose a costear la construcción de un nuevo relicario para albergar el lignum crucis caravaqueño a cambio de que se le entregara el antiguo. El motivo que le llevó a ello, según el mismo especifica en la referida carta, era «manifestar en algun modo la ardiente debozion que tengo a la Santa Cruz de Carabaca, cuyo original se venera en la Villa de Carauaca» siguiendo así el ejemplo de su antecesor en el marquesado de los Vélez, D. Pedro Fajardo, que durante el tiempo que fue comendador de esta villa realizó espléndidos regalos a la Vera Cruz. El ofrecimiento del Duque fue aceptado de buen grado el comprometiéndose el Concejo a entregarle «la caxa antigua donde esta la Santa Reliquia y a sido adorada por la deuozion de los fieles».

Tras la llegada del apoderado del Duque a Caravaca se dispuso una reunión para el día siguiente en la que con asistencia de los miembros del Concejo, del capellán de la Cruz D. Martín de Cuenca y del platero Pedro Yturre se procedería al cambio de relicario sin que la Cruz sufriese “detrimento alguno”. Tras ser sacada del sagrario y adorada por los asistentes comenzaron las operaciones de extracción pero empezaron a surgir inconvenientes ya que no se podían extraer los calvos que la sujetaban sin que el lignum crucis recibiera algunos golpes. Tras un concienzudo examen los plateros desaconsejaron el cambio ya que encontraron «que la caja que asi se a traido es algo grande y la medida de madera que dentro de ella viene, hauiendola medido con la Santisima Cruz, no biene en todo ygual, ni dicha caxa esta ajustada como se requiere por no ajustar la tapa con dicha caxa y mediante el engaste de diamantes que tiene no poderle dar nueba disposizion, encontrando en lo referido el reparo muy digno de hazer que trasladandose dicha Santisima Reliquia en dicha caxa no bendra ajustada y siendo nezesario sacarla a los conjuros como se acostumbra con los mobimientos que para ello se nezesitan hazer y de los que dellos han de resultar a dicha Santisima Cruz es probable disminuirse y los polbos vertirse por las claras que por no estar ajustar tiene dicha caxa, a que añadir para mas prinzipal reparo y yncombeniente grande que para sacar dicha Santisima Cruz del engaste en que esta se nezesita a este de quitarle los clauos que tiene que son asta treinta, en cuya obra se nezesita de dar diferentes golpes de los quales podra resultar el yncombeniente de reziuir grande deteriorizacion dicha Santisima Reliquia o desmoronandose o quebrantandose». Uno de los plateros presentes refirió que la última vez que se abrió el relicario observó que la Cruz tenía «el brazo desunido del cuerpo y arbol de dicha reliquia y estar deteriorada».

Tras conocer el contenido del informe de los plateros se decidió que los dos regidores comisionados para el cambio de relicario, el capellán de la Cruz, el platero y un escribano para dar testimonio de todo lo que sucediese, se trasladaran a la capilla de la Vera Cruz y viesen si realmente era posible efectuar el cambio. Llegados allí comenzaron a «desenclauar un brazo de dicha Santisima Cruz y auiendo quitado para ello quatro clauos de oro que afianzauan su engaste se uio dicho brazo desunido y separado del arbol del Santo Madero (que pareze ser dicha separazion antigua) de cuyo echo cayo de dicha Santisima Cruz en los corporales y papel sobre que esta una particula pequeña y auiendo mirado y reconozido con grande atenzion y venerazion la Madera del brazo separado se halla estar conserbada y atendiendo al arbol y parte de brazo que arrima a el del diuidido se reconoze estar mobible aquella parte». Al observar esto cesaron en su actividad dejando en manos de las autoridades municipales la resolución final.

El Concejo se reunió al día siguiente, 24 de marzo, y tras examinar los informes y escuchar los diversos pareceres de los regidores pasaron a la votación, que dio como resultado la decisión de extraer del relicario el lignum crucis. Para proceder a ello volvieron a reunirse el día 25 en la capilla de la Cruz, acordándose en esta ocasión que el platero que realizaría la extracción fuera Manuel López Clavijo. El testimonio de lo allí sucedido es el siguiente: «se saco del sagrario de tres llaues donde esta la Santisima Cruz y aviendola dado adorar y ejecutadolo con toda reuerencia la puso de manifiesto sobre el altar mayor donde por el dicho Manuel Lopez, a uista de dicho Conzejo ayudado solo de las manos de dicho capellan, desclauo y desengasto la Santisima Cruz y estando descubierta fue adorada de todos los referidos con grande atencion y ueneracion y rejistrada por la bista de todos se reconoze estar dicha Santisima Cruz entera en el todo y sin faltarle cosa alguna, mui conseruada y yncorructa de que los que presentes se allan llenos de alegria y regozijo». Así pues, procedieron al cambio «y porque la Santisima Cruz quede afianzada en la caxa nueba, se aga una de oro que ajuste a ella y pueda coger la Santa Cruz y llene lo que tiene de grande la caxa quedando los vazios correspondientes a los cristales», tarea que fue encomendada al referido López Clavijo y que quedó finalizada el día 27, por lo que al día siguiente, 28 de marzo, se celebró una solemne ceremonia con misa cantada, predicación y exposición pública del lignum crucis para cambiar la Cruz al nuevo relicario. El Duque de Montalto recibió el antiguo estuche el día 30 de este mes, dando las gracias al Concejo en una carta que remitió desde Madrid el 10 de abril de 1711. Un documento de 1720 describe este nuevo relicario de la siguiente forma: «un engaste de oro guarnecido todo de diamantes y cristal, e inmediatamente a la Cruz tiene unas ojas de oro que cubren la Cruz por un lado, dejando ocho partes baciadas por donde se toque inmediatamente la madera de la Santa Cruz, la qual no se ue ni se descubre por otra parte. Y en el dicho engaste tiene grabadas unas letras que dicen: Cruzem sanctam subiit, qui infernum confregit, accinctus est potentia, surrexit die tertia allelluia. Fugite partes aduerse, vicit leo de tribu Iudá radix Dauit alleluia. Y en la parte superior de la Santissima Cruz se halla tambien en su engaste grabado el nombre de Jesús en abreviatura, y al pie tres clauos con una corona de espinas. Y al lado contrario una abreviatura con el nombre de Maria en el brazo mayor, y en el menor un corazon traspasado con siete espadas. Tiene de largo la Santissima Cruz nueve dedos».

La Vera Cruz de Caravaca estuvo en este relicario hasta el año 1777 en que fue cambiada a otro nuevo regalado en esta ocasión por el Duque de Alba; el aspecto de este relicario es conocido por todos ya que el actual es una reproducción de este, mandada realizar en 1942 como consecuencia del robo producido ocho años antes.

Como se habrá podido observar el responsable de todas las decisiones producidas en este cambio de relicario fue el Concejo de Caravaca, ya que era el único que tenía potestad para ello no siendo consultada en ningún caso la Cofradía de la Stma. y Vera Cruz ni su mayordomo ya que a esta sólo le correspondía su culto.