PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Pocos fallecen como la ha hecho él, con homenajes sentidos de sus paisanos, con la pena contenida de sus millones de admiradores o con todo el apoyo de su Francia natal representada por varias generaciones de seguidores, porque en el país vecino saben realzar lo suyo, valorarlo y hasta venerarlo, como nos tienen más que demostrado, uniéndose en el éxito y en la adversidad de forma incondicional, como también lo han hecho para despedir, con todos los honores, a “su” artista, porque lo han considerado siempre como un valor patrio que les ha regalado canciones memorables, inolvidables momentos y entrañables vivencias al amparo de su insuperable música que con tanta profesionalidad y maestría llevó por los escenarios del mundo, un mundo que le llegó a comprar más de cien millones de copias de sus numerosos discos, adquirentes de sus grabaciones que, ahora, no conformes con haberle encumbrado al éxito más rotundo, le tributan un funeral de estado. Por eso, su sepelio contó con miles y miles de incondicionales que abarrotaban las calles de París, desde el Arco del Triunfo hasta la arquitectónicamente preciosa “Iglesia de la Madeleine”, donde se ofició la misa de su despedida, mientras todos los asistentes valoraban su desaparición como una gran pérdida, “porque ha sido parte integrante de nuestras vidas y nos ha hecho disfrutar a todos con su música, su estilo, su imagen y su capacidad interpretativa”, decían entre lágrimas algunos franceses, mientras el féretro con sus restos mortales recorría los espacios públicos de la capital francesa.


No faltaron Emmanuel Macron, Hollande y Sarkozy.- A todo esto, sus canciones eran coreadas en una comitiva fúnebre escoltada por más de setecientos motoristas sobre otras tantas Harley Davidson que tan reiteradamente usaba el finando hasta hace muy poquito tiempo. Asistieron Emmanuel Macron y sus antecesores en el cargo, Hollande y Sarkozy, con unos Campos Elíseos en los que no cabía ni un alfiler. Un icono del rock francés al que los habitantes del vecino país declararon considerarle como un hermano que ha estado cantando casi sesenta años con plena notoriedad mundial y con el nombre de Francia como emblema permanente que lucía con orgullo. Un funeral de estado que obligó a las televisiones francesas, incluso, a modificar su programación para ofrecer este luctuoso y triste, pero merecido homenaje en el que las calles, plazas y avenidas parisinas se han vestido de color musical gracias a un inimitable artista que, al mismo tiempo, ha teñido de luto la ciudad que le vio nacer. También estuvo nuestro ministro de educación, cultura y deporte, Íñigo Méndez de Vigo, así como las caras más populares del cine galo, quienes testimoniaron su pésame a la familia y escucharon el sentido discurso de Emmanuel Macron, de cuya intervención entresacamos que “él, era invencible, porque era una parte de nuestro país, era una parte de todo lo que un hombre puede amar”. Estaban sus músicos, con una tristeza desbordaba y una siempre monumental “Iglesia de la Madeleine” repleta de almas para pedir por el conocido como el “Elvis Francés” que obtuvo casi una veintena de discos de platino.
Funeral histórico.- Se comentaba en Francia, el pasado sábado, día del sepelio, cuya temperatura en la calle rondaba los cero grados, que los cronistas que querían establecer estados de parangón o similitud tenían que remontarse a los multitudinarios funerales por el escritor Víctor Hugo, en el siglo XIX, para encontrar algo semejante a la despedida que París ha dispensado al rockero francés, quien ya ocupa privilegiado lugar en los anales de la historia cultural del país vecino y a quien se le colocó una leyenda gigante en plena “Torre Eiffel” que rezaba “Merci Johnny”. Todos los lectores saben que hablamos del inimitable e inconfundible Jean-Philippe Léo Smet, nombre de nacimiento de Johnny Hallyday (15-06-1943, París-Francia/06-12-2017, Marnes-la-Coquette, Altos del Sena-Francia), cantante, compositor y actor francés, de padre belga y madre francesa, León Smet y Huguette Clerc, respectivamente, ambos artistas de cabaret y con un matrimonio que no dio para mucho más, pues se separaron, abandonaron al entonces futuro músico, al poco tiempo de su nacimiento, mientras la propia madre, al verse impotente para sacar al bebé adelante, lo entregó en adopción a sus tíos paternos. Su tía Desta fue la que lo crió, quien estaba casada con otro artista de variedades, Lee Hallyday, cuyo apellido fue el que adoptó el fallecido músico para formar su nombre artístico. La mayor parte de su infancia la vivió en Londres, lugar al que se trasladó su familia para alejarse de posibles represalias, en su país natal, por colaboracionismo con los nazis. Luego de presenciar la película “Loving you”, del también inolvidable “Rey del rock”, Elvis Presley, tomó la firme decisión de convertirse en cantante de rock and roll, adquiriendo su primera guitarra a los 16 años, con un dinero que era el producto de su trabajo como cargador de camiones en el “Mercado Central”, de París. De esa manera, pudo comenzar a actuar en clubes nocturnos en la capital gala. ​
Prestigio mundial.- Fueron sus siguientes pasos la radio, la televisión y el inmediato debut discográfico, en 1960, con “Laisse les filles”, su sencillo inicial. Su primer éxito resonado llegó en 1961 con una francesa versión de “Let’s twist again” que, él, titularía “Viens danser le twist”, para estrenarse con su primer disco que rebasaría el millón de copias despachadas y el correspondiente y merecido “disco de oro”, aunque hubo otras muchas canciones emblemáticas de su carrera. Su prestigio en las mejores salas parisinas y francesas le llevaron a marcar historia en recintos como el mítico “Olympia de París” o el señero “Moulin Rouge”, donde invitó y se codeó con grandes estrellas del firmamento artístico mundial.
Alumno de Andrés Segovia.- Luego, fue a México y al resto de la América Hispana, Norteamérica o Canadá, poniendo el mundo a sus pies allá por donde pasaba. Y es que resumir su brillante discografía es tarea imposible, porque ni era breve, ni eran pocos los éxitos que cosechó con sus numerosas canciones, pero su plástico más representativo, denominado “El disco de oro de Johnny Hallyday”, ofrecía 12 temas muy destacados de su brillante catálogo de canciones que, a veces, elegía del repertorio de extraordinarios “monstruos” de la música como ese “Je veux me promener” (“Quiero pasear”), del recientemente fallecido Fats Domino; “Le p’tit clown de ton coeur” (“El payasito de tu corazón”), de “The Everly Brothers”; “24 mil besos”, de su correligionario artístico italiano Adriano Celentano; “Tutti frutti”, de Little Richard, así como temas propios, tales como “Bien trop timide”, “Laisse les Filles”, “Ce n’est pas mechant” o “Je cherche une fille”. En base a cuestiones puramente comerciales, la discográfica “Vogue” lo anunciaba como “un cantante americano de cultura francesa”, cuando lo correcto y real era justo lo contrario, es decir “un cantante francés de cultura americana”. Y muchísimos discos más, actuaciones en los cinco continentes, dominio de las listas de ventas mundiales, orgullo de Francia y, además de rockero, supo introducirse en la siempre peculiar y respetada canción francesa, la balada, el pop y cualquier género que se propusiera practicar, porque era un artesano de la música, un esclavo de su trabajo y un hombre que luchaba por presentar siempre su producto musical impecable, serio, sereno, distinguido y brillante, sin dejar de reinventarse constantemente. Cuatrocientas giras dieron espacio para que lo pudieran ver en vivo quince millones de personas. De sus casi una decena, entre matrimonios y parejas, cabe destacar el matrimonio que mantuvo con la también cantante francesa Sylvie Vartan, con quien estuvo conviviendo durante quince años, convirtiéndose en la pareja artística más aclamada del país alpino. Daría, su vida y obra, para una edición completa de “El Noroeste”, pero no nos queda más espacio. Descanse en paz este respetado, querido y especial intérprete, alumno del español Andrés Segovia, al que ha vencido un cáncer de pulmón a la edad de 74 años. Buenos días.