Francisco Fernández García/(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Estamos habituados a ver citarse al Ayuntamiento de nuestra ciudad con el tratamiento de «Excelentísimo», pero pocos sabrán que este título nos fue concedido por el rey Alfonso XII hace poco mas de un siglo, concretamente en 1910; así pues, utilizaré esta circunstancia para hacer una breve reseña de la historia de nuestro ayuntamiento y su consideración administrativa.

Como otros muchos ayuntamientos de España, el de nuestra ciudad se creó en el siglo XIII, en sus postrimerías. Algunos años antes, tras la sublevación mudéjar, Caravaca había sido donada a la Orden del Temple, que formó una importante baylía que englobaba también Cehegín y Bullas. En 1285, el monarca castellano Sancho IV, descontento de la actuación de estos caballeros y en especial del alcaide Bermudo Meléndez, cuya falta de celo facilitó una incursión de las huestes granadinas por este territorio con el resultado de la pérdida del castillo de Bullas, les despojó de la misma haciéndola nuevamente realenga. Para asegurar la nueva situación, este mismo rey concedió a Caravaca el 16 de enero de 1286 el título de villa, asignándole los lugares de Cehegín y Bullas como sus aldeas y el Fuero de Alcaraz y «los buenos usos e costumbres que ellos an» para su gobierno, creándose así un concejo con sus alcaldes, alguacil y jurados. Esta circunstancia se mantendría hasta el final de la Edad Media a pesar de los acontecimientos que sucederían: reintegración a la Orden del Temple, conversión en señorío laico bajo la autoridad de Pedro López de Ayala, donación a la Orden de Santiago, etc.

El Concejo era el encargado de regular y administrar la vida política, social y económica del municipio. Dictaba ordenanzas y mandamientos sobre precios, salarios, aguas, ganados, matadero, montes, etc., nombraba veedores de oficios para vigilar la calidad de los productos, designaba mayordomos y capellanes al ser patrono de todas las iglesias y cofradías, controlaba el abastecimiento y suministro de alimentos y la sanidad, concedía licencias para apeo de solares, construcciones de casas y actividades económicas y administraba las rentas y propios de la villa. También se encargaba de la recaudación de los impuestos y servicios extraordinarios, del alistamiento de los soldados requeridos para el servicio de la corona y de garantizar el orden de la población y la seguridad de sus residentes. En definitiva, poseía atribuciones en la mayoría de aspectos que conformaban la vida cotidiana de los vecinos. Funciones y facultades que se fueron modificando en el transcurso del tiempo para adaptarse a los sistemas de gobierno de la nación vigentes en cada momento.

Hasta 1540 el Concejo de Caravaca estuvo presidido por dos alcaldes ordinarios siendo desde esa fecha sustituidos por un alcalde mayor nombrado hasta 1556 por la Orden de Santiago, y a partir de entonces por la Corona a propuesta del Real Consejo de Ordenes. El resto del Concejo lo formaban 24 regidores pertenecientes al estado de los hidalgos, que gozaban de posesión perpetua del oficio, pudiendo trasmitirlo posteriormente a sus parientes y descendientes previa confirmación real, un procurador síndico universal, un diputado del común, un escribano que actuaba como secretario y un Alférez Mayor, oficio creado en 1558 y cuyo primer propietario fue don Francisco Muso Muñoz, quedando el título vinculado a su familia. Esta situación se prolongaría hasta la caída del antiguo régimen a mediados del XIX, en que se sustituyeron los alcaldes mayores por los constitucionales. El último alcalde mayor de Caravaca fue D. Francisco Martín, que fue nombrado de manera interina el 19 de junio de 1834 al haber abandonado el cargo su antecesor D. Luis de Castroverde.

El estatus de la población se modificó a finales del siglo XIX, ya que el 26 de julio de 1849, por Real Decreto y en conformidad con el Consejo Real, la reina Isabel II concedió a Caravaca el título de ciudad, considerando «la antigüedad e importancia de la villa de Caravaca tanto por su población, por su riqueza agrícola e industrial, por su celebridad religiosa, cuanto por otras circunstancias políticas y económicas que la misma reúne». Este acontecimiento fue muy festejado en nuestra población, organizándose para celebrarlo un completo programa de actos.

Y así llegamos al suceso que da origen a este artículo, la concesión del tratamiento de Excelencia, que tuvo lugar el 21 de febrero de 1910 por Real Decreto de Ministerio de la Gobernación, a petición del rey Alfonso XIII. El texto del Real Decreto es el siguiente: «Queriendo dar una prueba de Mi Real aprecio a la ciudad de Caravaca, provincia de Murcia; Vengo en conceder a su Ayuntamiento el tratamiento de Excelencia. Dado en Sevilla a veintiuno de Febrero de mil novecientos diez = Alfonso = El Ministro de la Gobernación, Fernando Merino».

Tras conocer la noticia, el Ayuntamiento celebró una sesión plenaria, que tuvo lugar el 27 de febrero de dicho año, en la que se dio lectura al Real Decreto, agradeciendo igualmente la concesión. El encargado de presidir esta sesión fue D. Diego Navarro, tercer teniente de alcalde, debido a las ausencias motivadas del Sr. Alcalde, D. Juan Antonio Elbal y Elum, y también del primer y segundo teniente alcalde: «El mismo señor Presidente hizo uso de la palabra para manifestar (de) que creía interpretar unánimemente el sentir de la Corporación afirmando que la honrosa distinción que representa para la Ciudad la Soberana disposición cuya lectura acaba de tener efecto constituía un motivo mas de profundo reconocimiento hacia las Instituciones en cuanto revelan la alta consideración que dedican con especial cuidado para el honor y brillo de la población entendiendo que el Ayuntamiento estaba en el caso de acordar y así desde luego le proponía que se dirija expresiva y respetuosa comunicación al Señor Ministro de la Gobernación para que eleve a los pies del Trono el testimonio mas sincero del agradecimiento de esta Corporación Municipal”. La sesión concluyó con el acuerdo de dar “traslado del Real decreto antes citado a los Señores Jueces de Instrucción y Municipal, Señores Curas Ecónomos del Salvador y de la Concepción, Presidentes de la Cámara Agrícola y del Sindicato de la Comunidad de Labradores y a los Alcaldes de los pueblos de Cehegín, Moratalla como vocales de la Junta de Carceles del partido».

En 1925 el Ayuntamiento de Caravaca acordó nombrar alcaldes honorarios de nuestra ciudad a los reyes Alfonso XIII y Dª. Victoria Eugenia. Finalmente, el 8 de febrero de 1927, se decidió que todos los miembros del ayuntamiento usasen un fajín de seda verde como insignia, llevando el del alcalde el escudo de municipio bordado en oro, los de los cuatro tenientes de alcaldes en plata y el resto de concejales en sedas.

El único cambio significativo tenido lugar en las últimas décadas fue el cambio de nombre del municipio, que se produjo en 1962, pasando a llamarse desde entonces Caravaca de Cruz, respondiendo con ello al «deseo del vecindario de que la Santísima y Vera Cruz, Patrona de la Ciudad, y por la que fundamentalmente es ésta conocida, quede incorporada de un modo formal al nombre de la Población».