Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Como de costumbre, el pasado día 8 se celebró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, circunstancia que se me antoja propicia para recordar a algunas caravaqueñas que consagraron su esfuerzo República Española el 14 de abril de 1931 supuso un cambio radical en el panorama social, proponiendo para las mujeres un modelo distinto basado en la igualdad de derechos y deberes ante la ley. Las ideas, tradicionalmente mantenidas, que consideraban a la mujer como un ser inferior no solo resultaban ser erróneas, si no que en muchas ocasiones encubrían una realidad bien distinta.
Las mujeres dejaron de tener el papel secundario que hasta entonces había tenido, pasando a ser consideradas ciudadanas de pleno derecho, incluyendo la posibilidad de dedicarse a la política activa. Curiosamente, en esta elecciones las mujeres podían presentarse y ser elegidas, pero no votar. No será hasta la promulgación de la Constitución de la II República el 9 de diciembre de ese año cuando este derecho comience a ser reconocido. Esta Constitución no solo reconoció el derecho del sufragio a las mujeres, sino que las situó en un plano de igualdad frente a los hombres, eliminando ciertos privilegios que hasta ese momento eran exclusivamente masculinos, regularizando su acceso a los cargos públicos y sus derechos laborales, especialmente los relacionados con la maternidad, así como la equiparación salarial para ambos sexos.
La incorporación de la mujer a la vida activa, con el consiguiente desarrollo laboral, social y personal, se convirtió en el objetivo primordial, considerando esencial para ello el desarrollo de la educación y la cultura, por lo que se puso al alcance del colectivo femenino el acceso a las mismas, constituyendo este, el primer paso en la consecución de la igualdad. El pensamiento tradicional, fuertemente arraigado en la generalidad de la sociedad, hizo que no se cuestionaran ciertos roles y, aunque se intentó modernizar el concepto de familia, la realidad cotidiana continuaba evidenciando la subordinación de la mujer en la mayoría de los casos. Sin embargo, el desarrollo de la democracia, el laicismo, la secularización de la educación y el aumento de la participación de las mujeres en el movimiento obrero contribuyeron a una mayor valoración de su condición social y a su reconocimiento general.
Pero, como suele suceder, todos estos avances ideológicos quedaban en la mayoría de los casos en el plano teórico y en la generalidad de las poblaciones los puestos de responsabilidad continuaban en poder de los hombres; tal fue el caso de nuestra ciudad, donde habrá que esperar al inicio de la guerra para encontrar presencia femenina en puestos públicos.
La primera mujer concejal del Ayuntamiento de Caravaca fue la santanderina Nieves Calvo Villa, que se incorporó a nuestro consistorio el 21 de agosto de 1936, figurando en las sucesivas comisiones gestoras del mismo hasta el 8 de noviembre de 1938. Llegó a Caravaca en 1934 formando parte de un amplio grupo de ferroviarios trasladados desde Castro-Urdiales, de donde era natural, a Caravaca; no es que trabajase para el ferrocarril, sino que era la esposa de uno de estos trabajadores, Antonio Pérez Carranza, y hermana de otro de ellos, de nombre Ángel Calvo. Pertenecía al Partido Comunista y a tenor de la documentación conservada no tuvo actuaciones de especial relevancia. Pero tuvo la mala suerte de formar parte del Ayuntamiento cuando se produjeron los asesinatos de octubre de 1936 en el castillo y de, en cumplimiento de sus funciones, desplazarse al lugar de los trágicos sucesos en la mañana del siguiente día para evaluar los hechos. Eso fue algo que no perdonó la brutal maquina represora franquista, por lo que fue detenida a la conclusión de la guerra. Fue juzgada por un delito de rebelión militar; la más que posible participación de su marido conocido popularmente como «El Gordo de la Estación» en los referidos asesinatos, delito por el que fue juzgado, sentenciado a muerte y ejecutado en Caravaca, hizo que fuese declarada culpable y condenada a muerte en el Consejo de Guerra celebrado en nuestra ciudad el 17 de enero de 1940. Pero su historia es mucho más cruel, como estaba embarazada, su ejecución fue retrasada hasta que dio a luz, siendo posteriormente fusilada en uno de los muros del cementerio de Espinardo. La niña, que recibió el nombre de Francisca, fue enviada con sus familiares a Castro-Urdiales.
La guerra civil incrementó la participación de la mujer en el movimiento obrero y, aunque hubo algunos antecedentes previos, fue a partir de ese momento cuando su presencia comenzó a ser mayor. En Caravaca tenemos constancia documental de la existencia de dos organizaciones femeninas: la Agrupación de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo y la Agrupación de Mujeres Libres. La primera de ellas se fundó en 1933 con el nombre de Asociación de Mujeres Antifascistas, pasando a denominarse con el referido nombre a partir del comienzo de la contienda y tenía ideología comunista. La segunda se fundó en 1936 siguiendo las doctrinas anarquistas. Testimonio de la existencia de ambas organizaciones son tres cartas conservadas en el Archivo Municipal de nuestra ciudad, una conjunta de ambas organizando una asamblea y las otras dos del Comité Local de Mujeres Antifascistas de Caravaca, una de ellas comunicando la designación de dos de sus componentes para ocupar «los puestos que han dejado vacante los dependientes de comercio que se han incorporado al ejército » y la segunda ofreciéndose a realizar cualquier trabajo que estuviese sin ocupar: «al marchar los compañeros a ocupar los puestos que en estos momentos les pertenece para la defensa de nuestro pueblo es por lo que las Mujeres Antifascistas, os dirigen esta carta al objeto de solicitaros nos capacitéis y nos incorporéis a vuestros trabajos ya que estamos dispuestas a incorporarnos al mismo, sea el que fuere por rudo que este sea. La producción debe seguir su curso y no decaer ni mermar en nada y es la mujer la que tiene que ocupar los puestos que dejáis vosotros al mandaos al frente».
La Agrupación de Mujeres Libres se constituyó en Caravaca a finales de 1937, publicándose el domingo 2 de enero de 1938 en el periódico Solidaridad Obrera, un manifiesto dando a conocer la asociación, sus fines y fundamentos, que reflejan perfectamente, el espíritu y el sentimiento de la época texto y que a modo de homenaje transcribo en su totalidad: «Al constituirse en esta localidad la Agrupación de Mujeres Libres, se complace en lanzar al pueblo trabajador un fraternal saludo por medio del presente manifiesto. La sublime idea que nos guía es la Libertad y Justicia y nuestra mas cara ambición es la de aprender mucho para lograr la independencia que es propia de nuestro sexo. Comprendemos que siendo ignorante la mujer, por fuerza ha de vivir siempre esclava de los innumerables prejuicios que la dominan y que, por tanto, sin poseer los conocimientos que la elevan a un grado de cultura que la iguala al hombre, no alcanzará la libertad y los derechos de que es acreedora. Es pues de imperiosa necesidad que la mujer ha de procurar de cultivar su inteligencia, de adquirir por todos los medios que tenga a su alcance, una cultura lo más extensa posible que le permita adentrarse en todos los problemas que inquietan al hombre para ayudarle y sufrir con sus desgracias y compartir el placer de sus éxitos. He aquí el ideal que nos anima y, en este aspecto, nuestro lema es el estudio, nuestra casa la escuela y nuestro «guías» los libros. ¿Para qué se constituye la Agrupación? Para un ideal noble y generoso cual es el de capacitarse la mujer para ponerse en condiciones de ayudar con la máxima utilidad a su compañero y hermano, el hombre. Correspondiendo nosotras al noble y generoso sacrificio de los combatientes, al dar a la luz pública nuestro primer manifiesto, lo dirigimos a nuestros compañeros, los soldados de nuestro Ejército Popular, un fraternal saludo y les decimos ¡Luchad, hermano! ¡Luchad y estar seguros de obtener una honrosa victoria en pago de vuestro afortunado y generoso heroísmo y sabed también que aquí tenéis hermanas dispuestas a sufrir con vosotros los horrores de la guerra y abrazaros fraternalmente cuando volváis victoriosos! Entre tanto las mujeres caravaqueñas que tengan espíritu libertario, si son conscientes de su deber, deben comprender que tienen su puesto a nuestro lado; si son jóvenes, para llenar las escuelas, para ser útiles a la causa antifascista y para ayudar y animar, aunque solo sea espiritualmente, a nuestros camaradas a obtener el triunfo definitivo. Las mujeres de edad también tienen un deber que cumplir: es el de no obstaculizar nuestra obra altruista, y si prestar el apoyo y los consejos que la experiencia de la vida les sugiere. Tales son nuestros propósitos, y para cumplirlos, desde ahora a ellos nos debemos, al par que ofrecemos nuestro incondicional apoyo y cooperación a toda la obra que vaya en defensa de la justicia».