Francisco Fernández García/(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

En ocasiones anteriores he tratado sobre algunas de las obras públicas y reformas urbanísticas realizadas en Caravaca durante el tiempo que fue alcalde mayor de la misma el conquense D. Ignacio Mariano de Mendoza; el artículo de esta semana está dedicado a una de las primeras que intento llevar a cabo, concretamente la mejora del abastecimiento de agua potable, que tuvo lugar en 1798, un año después de la llegada de este singular personaje a nuestra ciudad.

El abastecimiento de agua potable a la población fue siempre una de las principales preocupaciones del Concejo, utilizándose, a lo largo de la historia, diferentes manantiales y ríos para este fin. En la época que tratamos el agua que se utilizaba  era la procedente de las Fuentes del Marqués, lo que no resultaba demasiado conveniente “por ser perjudiciales a la salud publica”. En este estado de cosas se produjo la llegada del nuevo alcalde mayor, que pronto se dio cuenta de la gravedad del problema, “tiene noticia que en diversas ocasiones se ha proyectado la conducion de aguas potables aeste pueblo, con el motibo de no ser las mas saludables delas que se surte según la opinión delos medicos”, por lo que puso todo su empeño en intentar solucionarlo y mejorar la calidad de vida de los vecinos y moradores de Caravaca.

En el verano de 1798, el referido alcalde mayor formó una comisión integrada por el regidor don Joseph Flores, el procurador síndico don Diego Melgarejo y Buendía y don Diego de Uribe, Marques de San Mamés, para que estudiaran la posibilidad de utilizar para el abastecimiento de la población del agua de la Fuente de Mayrena, pero tras examinar el caso dictaminaron su imposibilidad debido al “corto caudal de agua, que no alcanza ni vasta para que los Hacendados rieguen sus Heredades”. Pero la cosa no quedó aquí, sino que siguieron buscando, hasta que finalmente creyeron hallar la solución utilizando las aguas del río de la Chopera (en los documentos aparece citado indistintamente como río de la Chopera o río de la Chopea). Este río es el que actualmente conocemos con el nombre de Argos, y que todavía mantenía su denominación primitiva a mediados del siglo XIX cuando Agustín Marín de Espinosa escribió su libro: “El rio llamado de la Chopea, nace en el partido rural de Archibel, por medio de dos grandes lagunas circulares de bastante profundidad. Se las da el dictado de Los ojos de Archibel este caudal de agua atraviesa toda esta vega, siguiendo su curso desde poniente a levante, pasando después por la villa de Cehegín, donde fertiliza sus tierras”.

La comisión se reunió con el alcalde mayor el 8 de octubre para exponerle los avances realizados, ya que tenían “buenos informes dela mejor bondad, y calidad que tienen las aguas del Rio, que llaman dela Chopera”. Convencido de la conveniencia del proyecto el alcalde mayor decretó la apertura de un expediente que recogiese  diversas opiniones que sirviesen a tomar una decisión al respecto, incluyendo declaraciones de testigos, maestros de obras, médicos, así como toda la documentación generada durante su trámite. Los trabajos de la comisión comenzaron de inmediato con las declaraciones efectuadas por cuatro vecinos: Alonso Monreal Corbalán, Bartolomé Aznar de Reina, Juan Blas Vélez de Robles y Martín Iniesta Córcoles, los cuales fueron unánimes en sus contestaciones afirmando que el proyecto sería conveniente y muy beneficioso para la población ya que les constaba que “las aguas del Rio de la Chopera son mas delgadas y saludables que la que surten al Vecindario del otro Rio, llamado de las Fuentes”, y que además consideraban que tenía caudal suficiente para regar las huertas y abastecer a la población, cogiéndolas “a la parte de arriba del sitio de la texera, y no después que pierden su bondad, por que entran en el los derramadores de los Prados, de Benablón”. El 12 de octubre se notificó a los médicos Pedro Salinas y Camilo Molina que estudiasen y analizasen el agua tanto del Río de la Chopera como del de las Fuentes y presentasen el correspondiente informe, lo que hicieron tres días mas tarde.

El extenso y detallado informe no dejaba lugar a dudas, las aguas de la Chopera eran infinitamente mejores y mas saludables que las de las Fuentes, cuya utilización desaconsejaban rotundamente ya que “en su nacimiento y acequia por donde viene al Pueblo se crian peces, topos, tijeretas, y otros animales e insectos, y diferentes yervas, manifestandose en el canal, o su cauce, manchas negras y tobaceas”, concluyendo en que las del Rio de la Chopera eran “de mejores condiciones, por ser mas leves, puras y sutiles”. Tras estudiar los informes y declaraciones presentadas el alcalde mayor dicto el correspondiente auto disponiendo la presentación en la próxima sesión del concejo del proyecto para su conocimiento y aprobación por el resto de los miembros del ayuntamiento.

La sesión se celebró el 19 de octubre y tras escuchar la presentación realizada por el propio alcalde mayor, lo aprobaron por unanimidad ordenando “que se lleve adelante el laudable proyecto de traer las dichas aguas dela Chopea ala población, colocando, si fuere posible, las respectivas fuentes, que puedan surtir al vecindario, en la plaza publica placeta del señor San Sebastián, y sitio del Oyo; teniendo consideración ael caudal de aguas que puedan extraerse de dicha Chopea, sin perjuicio delos hacendados quelas aprovechan, y para ello debian de Reyterar y conferir la competente comision alos señores anteriormente nombrados para las aguas de Mayrena; y tambien a el señor Don Joseph Carreño, para que todos quatro con el señor Governador traten sobre este punto y particular, reconozcan los sitios mas aproposito para la conducion de aguas; ejecuten nibelaciones y medidas, y operen quanto estimen mas oportuno ala execucion de este proyecto por donde pueda ser de menos trabajo y costo ”. Tras dar las gracias al alcalde “por el celo fatigoso que quiere tomarse en beneficio de este comun” se levantó la sesión. Al día siguiente volvieron a reunirse para procurar los fondos necesarios para llevar a cabo el proyecto, llegando a la conclusión de que el único que tenían, una vez comprobada la inexistencia de propios, era la corta de 10.000 pinos para su venta en Cartagena, Lorca y Murcia, para lo que solicitaron la necesaria autorización al Intendente General de Marina de Cartagena, siendo concedida el 10 de noviembre.

El 11 de diciembre se ordenó al maestro de arquitecto de la villa Ángel Moreno que examinase el terreno donde se había de realizar la obra y presentase un proyecto con todas las condiciones que debía seguir, así como el presupuesto necesario para realizarlo. Mientras tanto, la tramitación continuaba con la presentación de cuatro declaraciones asegurando la propiedad municipal de las aguas del río “porque nacen en su término y sitio delas Sarguitas, partido de Archivel, distante como tres leguas poco mas o menos, y que con ellas se riega parte de su campo y huerta”.

El proyecto redactado por Angel Moreno, que constaba de 9 puntos y cuyo original se conserva en el Archivo Municipal de nuestra ciudad, fue presentado en el ayuntamiento el 19 de febrero de 1799, e incluía asimismo un presupuesto que ascendía e 277.495 reales. Dado el enorme costo de la obra y no habiendo mas recursos para acometerla decidieron financiarla con la celebración de “10 o 12 corridas de toros, matando en cada una 6 reses” en las festividades de la Cruz de mayo y septiembre. Para poner en práctica su plan solicitaron al Rey la pertinente licencia, que obtuvieron tras innumerables gestiones y con un enorme retraso, el 3 de enero de 1803. En la licencia se especificaba que solamente se concedía para “doze corridas de toros distribuyéndolas en el tiempo y epocas que crean mas convenientes” y siempre que se destinasen sus ingresos a la traída de agua del río Argos de la Chopera para uso público. A pesar de contar con la licencia, no se conoce si llegaron a realizarse ya que en abril de 1805 aún no había tenido lugar ninguna y tampoco estaba prevista su celebración para las próximas fiestas de mayo.

Las obras llegaron a iniciarse, pero se paralizaron poco después, constando tan solo haber invertido en ellas 242 reales que se pagaron a Angel Moreno “por sus jornales y peones que se ocuparon enlas Nivelaciones desde el Rio dela Chopea por los caminos del malecón, y de mairena, y asistencia al Maestro  Arquitecto de Murcia Don Lorenzo Alonso”.