Francisco Fernández García

(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

La donación por parte de los Reyes de ornamentos y objetos para el culto, salvo los efectuados a iglesias, santuarios y monasterios de reconocida importancia, es un hecho ciertamente inusual. En Caravaca encontramos algunos ejemplos de estos obsequios pero siempre realizados a la Capilla de la Ssma. y Vera Cruz y motivados por la fama e importancia de la reliquia. Sin embargo un documento conservado en el Archivo Municipal de Caravaca nos informa que la Reina Isabel II y su esposo D. Francisco de Asís regalaron un manto a la imagen de la Virgen del Carmen de la Iglesia caravaqueña del mismo nombre, suceso bastante desconocido en la historiografía local y que tuvo lugar en el año 1862.

Los Carmelitas descalzos fundaron su convento en Caravaca en 1586 y permanecieron en él hasta 1836 en que quedó suprimido poniéndose en venta sus bienes siguiendo las leyes desamortizadoras de Mendizábal y finalmente, el 8 de marzo, fueron expulsados del mismo; no regresando a él hasta el año 1904 en que se restauró el convento. El regalo del manto se produjo pues en el periodo en que, desaparecido el convento, la iglesia de Nª. Sª. del Carmen siguió abierta al culto convertida en adyutriz de la Parroquial, pasando a partir de entonces a ser administrada por el ayuntamiento. Con el paso del tiempo el manto de la Virgen, que seguía ocupando la hornacina central del retablo de la iglesia, había sufrido importantes deterioros lo que hizo necesario la renovación del mismo. Estando el ayuntamiento sin fondos para dicho efecto, el entonces alcalde de Caravaca D. Gregorio de Mora y Solavera en unión de Dª. Melitona Moreno de Elum, camarera de la imagen de Nª. Sª. del Carmen, decidieron solicitar a la Reina la donación del mismo, lo que hicieron a través de un ilustre caravaqueño el Conde de Lalaing y Balazote, Grande de España de Primera clase, quién ostentaba en esos momentos el cargo de Caballerizo mayor de la Reina. Gracias a las influencias de este singular personaje la Reina accedió a la demanda. El espléndido regalo llegó a Caravaca en los primeros días del mes de mayo del año 1862, en plena celebración de la festividad de la Cruz, por lo que el mismo 3 de mayo el Ayuntamiento se reunió en sesión extraordinaria para hacerse cargo del manto que la Reina y su esposo habían enviado, acordando remitir sendas cartas de agradecimiento tanto a Isabel II como al mencionado Conde. Acordaron igualmente que el manto permaneciese expuesto en la sala capitular del Ayuntamiento durante la tarde del domingo 4 y que fuese trasladado desde allí con toda solemnidad a la iglesia del Carmen para ser entregado a D. Rafael Martínez-Carrasco, teniente de cura asignado a dicha iglesia. El cortejo del traslado estaba encabezado por D.  José María Cánovas, alcalde constitucional de Caravaca en esa fecha, quién portaba el manto en un azafate y estaba compuesto por el resto de los miembros del ayuntamiento, autoridades municipales y una gran cantidad de vecinos que se sumaron al mismo, siendo acompañados todos por la banda de música marcial.

El manto, de estimable valor,  era de color blanco y estaba confeccionado en raso doble francés y bordado en oro y posteriormente fue entregado a la comunidad de carmelitas cuando se les restituyó la propiedad del convento. Para la formalización de la entrega de los bienes muebles se confeccionó un detallado inventario en el que el manto aparecía relacionado dentro de las pertenencias de la Virgen descrito de la siguiente forma: “Un manto de raso blanco bordado en oro regalo de S.M. la reina Doña Ysabel segunda”. Este acto tuvo lugar el 19 de enero de 1904 interviniendo en él D. Gregorio Martínez Urrea, cura propio de la Iglesia Parroquial de El Salvador, como representante de la autoridad eclesiástica, y Fray Bertoldo del Sagrado Corazón de Jesús que lo hacía en representación del Provincial de los Carmelitas.

Dos décadas antes esta misma reina había favorecido a nuestra población otorgándole dos importantes privilegios. Primeramente la declaración de Santuario Célebre al de la Ssma. y Vera Cruz, lo que supuso que los bienes de esta se clasificasen como no enajenables y que el Estado tuviese que devolver los que le había incautado con anterioridad, de este modo volvieron a ser administrados por el Ayuntamiento como patrono de la reliquia y su templo, y en segundo lugar, un año mas tarde, en 1849 la concesión del título de ciudad a la hasta entonces villa de Caravaca.

En el mes de octubre del mismo año en que hizo donación del manto Isabel II, acompañada de su esposo y de sus hijos, realizó un viaje oficial a la ciudad de Murcia, ocasión que aprovechó el Ayuntamiento de nuestra ciudad para intentar que se desplazasen a Caravaca para visitar el Santuario de la Ssma. Cruz. La Familia Real declinó la invitación “por la falta absoluta de buenas vias de comunicación” por lo que el consistorio acordó entonces nombrar un comité que, en representación del municipio, se trasladase a la capital de la provincia para agradecer públicamente los favores dispensados por la reina regalándole “una magnifica Cruz de Oro, de iguales dimensiones y forma á las de nuestra Santisima Reliquia, de tanta nombradia y veneracion, con su correspondiente Caja de Plata, identica tambien á la que tiene la Santisima Cruz, y ademas otras 6 cruces pequeñas de plata, retocadas todas al original”. La comisión caravaqueña estaba formada por el alcalde D.José María Cánovas y Martínez, y los Regidores D. Mariano Navarro y D. Francisco Sánchez Olmo e hicieron entrega del referido regalo en una recepción que tuvo lugar el 25 de octubre. En el transcurso de la misma la Reina expresó su agradecimiento afirmando “Que ya tenia noticias de este obsequio por Balazote, su Caballerizo mayor, que se le habian hecho presentes de mas valor, pero que este que estimava en mucho, le conservaria eternamente por devocion y gratitud”.

Aunque la imagen se destruyó en julio de 1936 el manto consiguió salvarse puesto que aparece reseñado en una relación de mantos de la Virgen del Carmen publicada en la revista “Hontanar” en 1973. En esta ocasión se señala que el manto contiene dos leyendas bordadas en oro.  Una en el exterior indicando la donación y fecha: “S.S.M. Los Reyes Católicos Dª. Isabel y don Francisco de Asís. A Ntra. Señora del Carmen. De la Villa de Caravaca. MADRID 1862” y otra en el interior que alude a la fabricación del mismo: “Bordado por las Hermanas Gilart. Bordadoras de Cámara de S.S. M.M. Madrid 1862”. El anónimo autor de ese artículo narra la historia de forma diferente ya que atribuye a Dª. Guillermina Martínez Conesa, miembro de la Orden Terciaria de Carmelitas en Caravaca, la idea de solicitar el referido manto a los Reyes haciéndolo a través de una camarera de Isabel II con la que mantenía cierta amistad. Evidentemente ofrece más fiabilidad la primera versión ya que está directamente extraída del Libro de Actas de Sesiones del Ayuntamiento de Caravaca, aunque no por ello hay que rechazar las posibles intervenciones que otras personas pudieron tener en este asunto.