Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

En anteriores ocasiones hemos tratado sobre las particulares celebraciones en nuestra ciudad de acontecimientos políticos y sociales de Grabado de Isabel II y Francisco de Asíscarácter nacional; hoy volvemos a abordar esta temática para referirnos específicamente al caso de la boda de la reina Isabel II y a los festejos públicos que se realizaron en Caravaca con tal motivo. Este tipo de celebraciones tenían como finalidad el asentamiento de la autoridad real a través del acercamiento e identificación de los súbditos con sus monarcas; en cualquier caso, siempre resultaban del agrado de la mayoría ya que todo el mundo obtenía algún beneficio: las clases altas de la sociedad podían hacer ostentación de su estatus, poder y riqueza, el pueblo llano aliviar transitoriamente sus problemas con los diversos espectáculos y regocijos que se les ofrecían y los mas desfavorecidos (pobres, presos y enfermos) disfrutar de una comida decente y de algunas monedas por vía de las limosnas que se les entregaban.

 

La inestable situación política que atravesaba España a mediados del siglo XIX con los pronunciamientos carlistas, las constantes rivalidades entre liberales y conservadores y la crisis generalizada fueron la causa de que se buscara el reforzamiento de la monarquía reinante a través de alianzas matrimoniales, para ello se dispuso el casamiento de la joven reina Isabel II, que apenas contaba 16 años, con su primo hermano Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz, y el de su hermana, la infanta María Luisa Fernanda, mas joven aún pues sólo tenía 14 años, con Antonio de Orleáns, duque de Montpensier e hijo del rey de Francia Luís Felipe de Orleáns; decidiéndose que ambos matrimonios se efectuasen de manera conjunta en una fastuosa ceremonia que se celebró en el Salón del Trono del Palacio Real de Madrid el sábado 10 de octubre de 1846.

La noticia de estos matrimonios fue muy bien recibida por la mayoría de la población, especialmente por los sectores mas liberales, que veían en ella el comienzo de una etapa de prosperidad, libertad y justicia. En la edición del 11 de octubre del periódico madrileño El Espectador, en la información de la boda real, podemos leer: «El enlace de la reina, cuya solemnidad se celebra en medio de las penas y amarguras que nos rodean, nos llena, sin embargo, de consuelo, porque ahuyentando las sombras que nos habrían oscurecido para siempre el cielo de la felicidad y libertad de España, puede ser un astro benéfico, que ilumine el camino de la prosperidad, y porque desde luego es un triunfo para las ideas del partido progresista». Nada más lejos de la realidad, a pesar de algunos logros y mejoras, los bienintencionados propósitos iniciales se fueron diluyendo a lo largo del reinado cada vez mas conservador y absolutista, que terminó de forma súbita con la huida del país de Isabel II tras la Revolución de 1868, conocida como “La Gloriosa”, dando paso a un gobierno provisional presidido por el general Serrano.

Pero volvamos al tema que nos ocupa; el 15 de octubre el Jefe Superior Político de la Provincia remitió una carta al Ayuntamiento de Caravaca ordenando la elaboración de un programa de actos para festejar la boda real, señalando para su realización los días 29, 30 y 31 de octubre. El día 24 se reunieron los miembros del Ayuntamiento para dar cumplimiento a la orden, aunque dado el poco tiempo que quedaba para las fechas señaladas, solicitaron que se les permitiera retrasarlos dos semanas, concretamente al martes 17, miércoles 18 y jueves 19 de noviembre, haciéndolos coincidir con el cumpleaños de la reina que era el 19. La propuesta fue aceptada, pasando a confeccionarse un completo programa que incluía festejos civiles y religiosos y en el que las corridas de toros y los actos benéficos tuvieron un papel preponderante. El programa de actos, así como su presupuesto que alcanzó la considerable cantidad de 7.000 reales, fue remitido para su aprobación al Jefe Superior Político de la Provincia. Una vez conseguida, el Ayuntamiento se reunió el 4 de noviembre para nombrar los comisarios que debían de encargarse de todo lo referente a la organización, resultando elegidos el procurador síndico D. Miguel Pérez y el regidor D. Bernardo Gutiérrez para los actos públicos y D. José María Escalante y D. Mariano Navarro para los gremiales y particulares. Como en el programa aparecen muy bien detalladas todas las actividades, me limitaré a transcribirlo tal y como aparece en el Libro de Actas del Ayuntamiento de Caravaca de dicho año:

«Programa de las festividades que la Villa de Caravaca, cabeza de Partido Judicial, ha de ejecutar en los dias diez y siete, diez y ocho, y diez y nueve de Noviembre proximo, con motivo del fausto acontecimiento del matrimonio de S.M. la Reyna Nuestra Señora, y de la Serenisima Sª. Infanta Dª. Maria Luisa Fernanda, su augusta hermana:

Día 17

Al manifestarse el Alba de este día, y previos anuncios correspondientes, se boltearan y repicaran las campanas, disparándose en los intermedios, seis docenas de Coetes reales: Los balcones del Pueblo serán adornados con el lujo mas posible: Los de las salas Capitulares seguiran la misma forma; y en su dosel perfectamente engalanado, construido en medio de su fachada, se colocaran por el Señor Presidente, a las nueve de la mañana, y con asistencia de la comitiva invitada al efecto, los retratos de Nuestra Reyna Isabel y de su augusto esposo D. Francisco de Asis, quedando custodiados por la Guardia Civil destacada en este punto: La Música marcial entonará los correspondientes himnos estudiados con anterioridad: Seguirá un paseo público por la Carrera de costumbre; y, a su regreso se repartirá en el Ayuntamiento a los pobres que se presentaran una regular limosna en pan y metálico: A los de la Carcel se servirá una abundante comida; y a los del Hospital se hará la limosna de doscientos reales: Por la tarde luciran la festividad los gremios y particulares, con aquellos festejos publicos que acordaran: Se correran en la Plaza publica dos Novillos embolados: La Música divertirá el acto; y, por la noche se concluirá con fuegos artificiales, distribuidos en Cuerdas de Vistosas invenciones, Ruedas y Toros de Fuego; estando iluminados los balcones del Pueblo y fachada de las Salas Capitulares.

Día 18

Se repetirá al Alba de este dia el repique y disparo de Coetes que en el anterior: Seguiran adornados los balcones del Ayuntamiento y vecindario: Continuaran los festejos de gremios y, particulares; y el arbol de Cucaña, divertirá al público hasta la hora de las once: El Ayuntamiento, autoridades del Pueblo y demás señores de la comitiva, visitaran en seguida el Hospital de caridad, en cuya Iglesia se cantará un Solemne Tedeum con asistencia del Clero, suministrandose a los pobres enfermos las limosnas que la concurrencia tuviera por conveniente hacerlos: La Música asistirá a este acto: A su regreso a las Salas Capitulares se dará a los pobres la limosna que el día anterior; los de la Carcel reciviran otra comida; y entre los necesitados enfermos vergonzantes, se repartiran quinientos reales: Por la tarde continuara la corrida de Novillos con asistencia de la Música marcial; y por la noche se repetiran los fuegos artificiales con la misma Iluminación en el Vecindarios y fachada del Ayuntamiento.

Día 19

Después del repique, bolteo de Campanas y disparo de Coetes, se celebrara en la Iglesia Parroquial con asistencia del Ayuntamiento, autoridades y particulares convidados, una función solemne con Sermón y Tedeum: A su regreso se suministrara a los pobres la misma limosna que en los dias anteriores, y, a los de la carcel igual comida: Por la tarde continuará la corrida de Novillos con asistencia de las Música; y los fuegos artificiales por la noche, daran fin a la festividad con la competente iluminación general»