Francisco Fernández García (Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

La baja edad media es una época muy interesante en la historia de Caravaca, ya que durante ella se configura en gran medida el carácter y personalidad de sus habitantes. Convertida en frontera con el último reino musulmán de la península y gobernada la mayor parte del tiempo por órdenes militares, se fraguan en ella episodios legendarios que entran a formar parte de la tradición popular y que unidos a ella llegan hasta nuestros días. Vamos en esta ocasión a proponer un viaje en el tiempo y retrotraernos siete siglos atrás para conocer los importantes sucesos que tuvieron lugar en Caravaca en los años centrales del siglo XIV.

En los primeros años de la década de los 40 del siglo XIV luchando contra los moros muere Pedro López de Ayala, notable caballero que desde el 9 de mayo de 1327 era poseedor de por vida del señorío en que se había convertido la baylia de Caravaca tras la extinción de la Orden del Temple. Para no dejar desgobernado este importante territorio, cuyas rentas se valoraron en 60.000 maravedís cuando fue entregado a su anterior poseedor, el 3 de agosto del año 1344 el monarca castellano Alfonso XI hizo donación del mismo a la Orden de Santiago en la persona del infante don Fadrique, su hijo bastardo a la sazón maestre de esta orden militar en esa fecha, con el compromiso de su defensa y repoblación.

Poco después, tal vez al año siguiente, debieron de iniciarse los repartimientos de tierras tanto entre los nuevos pobladores como entre los venidos de otros lugares, cuya presencia se alentaba con el fin de conseguir tener un considerable numero de habitantes que permitiera el desarrollo económico (fundamentalmente agrícola y ganadero) al tiempo que asegurar su defensa ante los posibles ataques de los granadinos. Sin embargo este reparto se realizó de manera muy arbitraria de modo que se produjeron muchas quejas al respecto, por lo en agosto de 1347 el maestre se vio en la obligación de nombrar jueces para que dilucidasen las supuestas injusticias cometidas en dicho reparto.

Paralelamente comenzaron a reforzarse las fortificaciones existentes en la encomienda y a crearse algunas nuevas, ejemplo de ello es el compromiso adquirido en 1347 para edificar una torre con cortijo en Bullas por el comendador Ruy Chacón, a quien también se debe probablemente el levantamiento, casi de nueva planta, de la Torre Chacona en la fortaleza de Caravaca. El 28 de diciembre de este mismo año el concejo de Caravaca hizo juramento de fidelidad y obediencia al maestre santiaguista «sobre la cruz e santos euangelios»en una ceremonia presidida por el comendador Ruy Chacón que tuvo lugar en la antigua iglesia de San Salvador, que estaba situada donde actualmente se ubica la de la Soledad.

Todas estas actuaciones encaminadas a la mejora y desarrollo de la encomienda de Caravaca cesaron bruscamente cuando en 1348 la Peste Negra que se propagó por casi toda Europa, hizo su aparición en ella. En realidad se trataba de una epidemia de peste bubónica conocida por ese sobrenombre debido a las manchas oscuras que presentaban los enfermos como consecuencia de hemorragias subcutáneas. La mortandad que produjo fue enorme, en la ciudad de Murcia aniquiló a la mitad de la población y en Caravaca, aunque se desconocen los datos exactos, su incidencia pudo ser aún mayor. La epidemia tardó bastante en ser extinguida pues hubo varios brotes continuados que incidían cada vez con mayor facilidad en la población que a esas alturas se encontraba muy debilitada y mal nutrida. El panorama que dejó fue desolador: territorios yermos y despoblados, villas, castillos y fortalezas casi desiertos, cultivos abandonados, ausencia casi total de ganados, escasez de alimentos y hambruna, una población muy exigua y un inmenso número de muertos. Tras ella prácticamente nada de lo hasta entonces realizado perduraría por lo que se tenía que comenzar de nuevo desde el principio.

En este estado de cosas la primera medida que adoptó el rey castellano Pedro I en este territorio fue ordenar al maestre don Fadrique la repoblación de los lugares de Caravaca y Cehegín y la colocación de guarniciones en ambas fortalezas. En este mandamiento, efectuado a petición del concejo de la ciudad de Murcia y fechado en Soria el15 de octubre de 1352, se contempla también la reparación de los castillos de modo que estuviesen preparados y dispuestos ante cualquier contingencia bélica que se presentara, ya que la situación de desprotección que mostraban convertía a estas villas en presa fácil para las tropas granadinas.

Dos años más tarde, cuando la población de Caravaca comienza a mostrar signos de consolidación y afianzamiento, el nuevo maestre de la Orden de Santiago don Juan García viajó a la encomienda caravaqueña para comprobar su situación, decidiendo durante su visita aumentar los medios económicos que tenía el concejo de la villa para su financiación, haciéndole donación de la mitad de las rentas del molino y del horno, el derecho del medio montazgo y las limosnas que se entregasen a la Vera Cruz. Este último documento, escrito en pergamino y fechado en la villa de Caravaca el 27 de noviembre de 1354, se conserva en el Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz y además de por todo lo enumerado es muy significativo porque es la referencia escrita mas antigua sobre la Santísima y Vera Cruz de Caravaca.