Francisco Fernández García

(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Una de las varias epidemias de peste que tuvieron lugar durante el siglo XVII se produjo a finales de 1636, por haberse iniciado el contagio en Málaga se la conoció con el nombre de peste andaluza, y afectó a varias regiones de España, entre ellas Murcia, donde en ciudades como Mula si tuvo cierta incidencia.

El 14 de junio de 1637 el concejo de Caravaca recibió información sobre el brote de peste surgido en Málaga y Antequera. Intentando evitar el contagio adoptaron el acuerdo de cerrar las entradas de la villa dejando solamente abiertas tres, las de Murcia, Granada y Moratalla, que tenían que permanecer constantemente guardadas y vigiladas con todo cuidado por los vecinos, según lo acostumbrado en casos similares ocurridos anteriormente. Cuando existía peligro grave por enfermedad la primera disposición que se adoptaba era tapiar con muros de mampostería las calles por las que se podía penetrar a la población y colocar puertas en los accesos principales con sus correspondientes vigilantes para evitar la entrada de personas infectadas que pudieran contagiar y extender la enfermedad entre los habitantes de la villa.

Al mismo tiempo advirtieron a los mesoneros y posaderos de Caravaca que no podían admitir a ningún viajero que no dispusiese de la correspondiente documentación que acreditase su buena salud y estar libre del contagio. Los diputados del mes Fernando de Monreal y Miguel del Amor fueron los encargados de hacer cumplir los decretos municipales

El 27 de julio continuaba el peligro de contagio por lo que continuaron con la medida de mantener las puertas cerradas y vigiladas, nombrando ahora a 60 personas entre las mas principales de la población para que actuasen como sobreguardas, estando uno diariamente en cada puerta juntamente con los demás vecinos nombrados para ello.

En este estado se mantuvieron las cosas durante todo el verano, pero a primeros de septiembre surgió una epidemia de fiebres tercianas que afectó a gran parte de la población. Para remediar esta situación el día 8 de septiembre el ayuntamiento acordó que el día de la festividad de la Exaltación de la Cruz, el 14 de septiembre, se bajase la reliquia desde el castillo hasta la parroquial de El Salvador y tras la celebración de los oficios religiosos propios de dicha celebración se realizase una procesión general con ella por las calles de la población siguiendo el itinerario de la procesión del Corpus rogando por el fin de la enfermedad y la curación de los afectados.

Algún tiempo después las fiebres tercianas disminuían y poco a poco la villa recobraba la normalidad, en cuanto a la peste también fue remitiendo a lo largo de los meses finales del año sin haber afectado a Caravaca.