FRANCISCO SANDOVAL

Fotografía: DAVID FRUTOS

Si algo caracteriza a nuestra comarca es el arraigo de sus tradiciones y la inmensa historia que posee. Y también en este escenario irrumpe la contemporaneidad para recordarnos que, a la par que debemos respetar y contemplar nuestro pasado, estamos aquí para crear el mañana.


Lo acogedor del corazón de nuestros pueblos llama a la creación, nos regala ese toque atrayente y bohemio que puede respirarse en muchos de sus rincones. Eso era lo que por mi cabeza pasaba una tranquila mañana de sábado en Bullas mientras, cerveza en mano, observaba la forma en que la luz se filtraba a la Plaza Vieja a través de sus lonas de cálidas tonalidades. A su vez, escuchaba a Pepe, dueño del bar de la plaza. Me contaba cómo había surgido todo eso, cómo se había enfrentado a la reconstrucción de su restaurante y del edificio que lo alberga. Me hablaba de cómo el arquitecto Fernando de Retes se vio en la imposibilidad de salvar las centenarias bodegas en ruinas, y yo veía cómo en plena Plaza Vieja lo contemporáneo surge y se presenta al viandante con un nuevo lenguaje lleno de vida. Este arquitecto ya había hecho otras cosas en Bullas, obra suya es el albergue y el centro de agroecología en el paraje de La Rafa, premiado por su sostenibilidad con el medio ambiente.
Otro día, ojeando revistas de arquitectura de tirada internacional, me encontré con dos obras de Cehegín. La primera había supuesto recuperar el patrimonio desde la perspectiva actual: la Casa de la Tercia ha sido reconvertida en Escuela del Vino. Se trata de una intervención en la arquitectura del pasado que dota al edificio de nuevos usos. La segunda sin embargo vuelve a tratar un espacio donde algo se perdió para siempre y ya es irrecuperable. Hablo del barrio del Puntarrón, un espacio venido a menos tras el derrumbe de gran parte de sus históricos edificios. En ese entorno surge el Jardín del Coso, una obra que juega con la difícil orografía e invita a pasear por sus sinuosos recorridos. Un parque que recicla el agua para autoabastecerse. Su singularidad se ha visto plasmada en varias publicaciones.
También en Cehegín está una curiosa edificación, la Casa Lude. Con un diseño minimalista, esta vivienda se levanta sobre otra preexistente y se presenta como una obra un tanto surrealista, que consiguió el premio británico AR House Award 2013, y que ha sido expuesta también en el IV Encuentro Luso-Español de Arquitectura en Portugal.
Por último, y aunque hace ya 26 años de la concepción de este proyecto, quiero referirme a otra obra cargada de contemporaneidad. El conocido solar EUROPAN de Caravaca es llamado así por haber sido lugar del proyecto ganador del concurso homónimo de ideas urbanas y arquitectónicas a nivel europeo. El premio fue concedido en 1990, sin embargo, este proyecto nunca se llegó a realizar. Recientemente se volvieron a alzar voces sobre qué hacer en este sitio ubicado en pleno casco antiguo, de hecho hace un año se presentó un proyecto de actuación. Quien les escribe conoce bien este huerto –o solar, como se quiera-, pues son las vistas que he tenido al abrir la ventana de mi habitación desde pequeño. Y por ello, he de confesar que me dejó bastante frío el proyecto presentado antes de finalizar la anterior legislatura, pues no se atisba en él la frescura de ideas ni parece comprender el entorno tan bien como lo hizo el ganador de EUROPAN 1990.
La arquitectura contemporánea no está exenta. Nuestra comarca es el ejemplo de que coexiste con arquitecturas del pasado, se entremezcla y se relaciona con ella, siempre desde el respeto al valor del patrimonio. Al fin y al cabo lo que todo arquitecto desea es que su obra sea disfrutada, opinada, sea criticada o valorada, pero sobre todo, que su arquitectura sea vivida.