FRANCISCO FERNÁNDEZ/ARCHIVO MUNICIPAL DE CARAVACA

El próximo 13 de junio se cumple el 160 aniversario del nacimiento de D. Antonio López García-Melgares, circunstancia que aprovecharé para recordar a este singular personaje por el que desde hace tiempo siento una especial admiración. Liberal, progresista, masón y convencido republicano su figura fue una de las mas relevantes y destacadas de la sociedad caravaqueña durante mas de medio siglo, desarrollando su actividad en el último tercio del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX.
Nuestro protagonista nació en Caravaca el 13 de junio de 1851, hijo de D. José Pascual López, de profesión alimentista, y de Dª. Juana García-Melgares, imponiéndole en la pila bautismal los nombres de Antonio María Pascual. Realizó sus primeros estudios en su ciudad natal, teniendo como maestros a los caravaqueños D. Tomás Medina y D. Antonio Fernández; este último fue un curioso personaje que tuvo gran influencia en su vida pues fue el primero en inculcarle las ideas liberales, había sido fraile, pero su defensa de las libertades publicas le hicieron dejar el hábito y afiliarse al partido progresista.


Muy joven marchó a Murcia donde terminó el bachillerato en el Instituto Provincial; posteriormente se trasladó a Valencia en cuya universidad comenzó la carrera de derecho, que concluyó en la de Madrid, licenciándose en derecho civil y canónigo en noviembre de 1874. A continuación se doctoró en ambas materias con la calificación de sobresaliente. Pasaba las vacaciones en Caravaca donde despuntó mostrando sus extraordinarias cualidades para la oratoria en el Club Republicano local. Tras concluir sus estudios quiso permanecer algún tiempo más en Madrid, repartiendo su actividad entre la abogacía y la prensa ya que compaginaba su trabajo en el despacho del abogado D. Manuel Silvela, con su labor como periodista en la redacción del diario republicano “El Pueblo”, donde los lunes escribía la crítica teatral y el resto de los días crónicas políticas, lo que le valió para entablar amistad con el que posteriormente sería presidente de la I República, D. Emilio Castelar.
En 1877, a la muerte de su padre, regresa a Caravaca; se instala en el domicilio familiar en la calle Mayrena con su madre y sus cuatro hermanos y abre un bufete desde el cual se dedicará tanto al ejercicio de la abogacía como a la defensa de sus ideales políticos, colaborando asimismo en la prensa local en los periódicos “El Argos”, “La Luz” y “El Siglo Nuevo”. Se casó con Dª. Isabel Gonzalo y tuvo 4 hijos; el único varón, de nombre Antonio, fue concejal del Ayuntamiento de Caravaca durante la II República. Siguiendo sus ideales filantrópicos y humanistas ingresó en la masonería; en los años 1880 y 1881 aparece como miembro de la Logia Caridad de Murcia y desde su fundación en el año 1881 de la Logia caravaqueña La Luz del Cénit, que tenía su sede en la calle del Colegio nº 9. Usaba el nombre simbólico de Terencio y tenía el grado 3º.
Pronto alcanzó gran prestigio profesional, extiendo su actividad a Lorca y Murcia, ciudades en las que abrió despacho propio, llegando con el tiempo a ser decano de Abogados de Murcia. Fue célebre su apoyo a la candidatura a las Cortes de D. José María Faquineto, sólo por el hecho de ser caravaqueño y los beneficios que podría traer a nuestra ciudad, sin tener en cuenta su ideología política. En 1900 fue nombrado juez accidental de 1ª instancia del partido judicial de Caravaca, recibiendo al año siguiente varios homenajes tanto por sus brillantes defensas de los reos en las vistas con jurado como por sus trabajos forenses. Además de su labor profesional tuvo una importante actividad política, siendo nombrado en 1906 jefe del partido liberal de Murcia, ostentando también la jefatura local de Caravaca, y jugó un papel principal en la unificación de las distintas agrupaciones en se hallaba dividido el partido liberal democrático. Fue también durante varios años diputado provincial y miembro de la junta de socorro de los obreros.
En el ámbito social tuvo también una gran relevancia, siendo elegido Hermano Mayor de la Cofradía de la Stma. y Vera Cruz el 9 de junio de 1907. Unos años antes, en 1903, se opuso y consiguió que no se llevara a cabo el proyecto del alcalde D. Julián Martínez-Iglesias de instalar a los carmelitas en el santuario de la Stma. y Vera Cruz y encargarles su culto. Esto molestó tanto a los frailes que lo tacharon de anticatólico; el suceso lo recogen así en su libro de becerro: “tomó la palabra el notable abogado y orador D. Antonio López, que consecuentemente con sus ideas anti-católicas, procuró y obtuvo deshacer la buena impresión que en el pueblo había causado el discurso del Sr. Alcalde. Dijo entre otras cosas que no debían consentir jamás que pisaran el suelo de Caravaca unos hombres cuya exclusiva misión era explotar los pueblos y enriquecerse a costa de la candidez de la gente honrada; que rechazaron indignados la proposición del Sr. Alcalde pues no era mas que un insultó a su cultura y un atentado a la libertad; buena prueba de ello era el querer instalarlos en la altura del Castillo para que desde allí pudieran dominar mejor y tiranizar al pueblo; que ya no serían los dueños de su preciosísima Cruz; que tendrían que pagar para poder adorarla, y que lo que en realidad se proponían era arrebatarles su queridísima patrona. Todos estos disparates dichos con la galanura de palabra y con la elocuencia que le caracteriza, levantaron tal polvareda en el pueblo ignorante, fue tan grande el escándalo y las protestas, que hubo el Sr. Alcalde de levantar la sesión y mandar desalojar el salón”.
En el transcurso de su periodo al frente de la Cofradía tuvo lugar la organización de una peregrinación nacional al Santuario de la Stma. y Vera Cruz; entrevistándose con este motivo en dos ocasiones con la infanta Dª. Isabel de Borbón, a la que invitó a visitar nuestra ciudad distinguiéndola con el título de Hermana Mayor Honoraria.
Destacado orador, intervino en multitud de actos públicos en los cuales dejó bien patente su talante democrático y progresista. Consideraba que la educación era el pilar básico para conseguir una sociedad mas moderna, justa e igualitaria; en un discurso pronunciado en 1908 afirmaba: “Vosotros, jóvenes estudiantes, hombres del porvenir, esperanza de la nación, haceos digna de ella. Tomad las armas de la instrucción y del saber, y defendedla del enemigo de la ignorancia, que es el mas aleve y el que la está matando” y defendía que la mujer debía de tener un papel más activo en la sociedad: “No concebimos fiesta española, ni suceso en la historia, ni hecho en la vida, que se realice sin el concurso de la mujer. Sus intuiciones claras, su genio agudo, su sensibilidad exquisita y su amor sublime, las trajo siempre al lado del hombre, para ayudarle en los desfallecimientos de la existencia y en los actos heroicos y de abnegación por la patria. El hombre y la patria os reclaman para levantarnos del atraso en que vivimos; dadnos la mano y marchemos”.
Fiel a sus ideas progresistas, cuando D. Manuel Silvela fue ministro le quiso conceder la Cruz de Carlos III y también D. José María Faquineto quiso otorgarle la Cruz de Isabel II, pero en ambos casos se opuso por ser contrario a este tipo de distinciones. Falleció en Caravaca el 9 de enero de 1926, a los 74 años de edad.