Francisco Fernández García

(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

El castillo de Caravaca era en la época medieval un recinto fortificado con 14 torres y torreones que tenía frente a la puerta principal un foso que desempeñaba un importante papel en el esquema defensivo del mismo. Aunque la muralla que rodeaba la fortaleza sufrió muchas e importantes variaciones a lo largo de los siglos siguientes, el foso se mantuvo hasta mediados del siglo XIX.

Para poder salvar el obstáculo que suponía el foso existía un puente levadizo, que fue deteriorándose con el paso del tiempo, de modo que en 1836 cuando el ayuntamiento de Caravaca realizó un informe sobre la posible fortificación del castillo, señalaba el puente levadizo y el foso como dos de los puntos necesitados de reparación. Estas obras no llegaron a realizarse nunca, de modo que la ruina continuó hasta que en 1846 el ayuntamiento acordó la supresión del mismo al amparo del artículo 80 de la Ley de cuidado de puentes.

Según la tradición oral, durante las fiestas de mayo de 1845 el carro procesional de la Vera Cruz sufrió un pequeño accidente al atravesarlo, siendo esta la causa de que se decidiera su supresión. El documento que se conserva en el Archivo Municipal no señala nada a este respecto justificando su eliminación en que se hallaba próximo a ruina y en la cercanía de la celebración de las fiestas.

El acuerdo para su supresión se adoptó el 12 de abril de 1846, comenzándose las obras al día siguiente. La forma elegida para hacerlo fue la de concejadas, método por el cual el ayuntamiento repartía mediante citación el trabajo entre los vecinos, que quedaban así obligados a realizarlo sin recibir remuneración alguna por el mismo. Aquellos que no querían o no podían debían enviar a otra persona en lugar pagándoles de su dinero o bien hacer efectivo el pago al ayuntamiento. Los vecinos podían contribuir con su trabajo o aportando cualquier tipo de material o herramienta. Este sistema solo se aplicaba a trabajos encaminados a la mejora comunal. En al caso que nos ocupa la citación se efectuó del siguiente modo: «se rellene el foso por concejadas que principiaran en el dia de mañana, a cuya operación asistira todo el Ayuntamiento. Se citaran por los dependientes, llebando bestia el que la tubiere, y capazos y erramientas el que carezca de ella, continuandose en los dias feriados la misma operación».

Al parecer la obra no se realizó en su totalidad, manteniéndose parte del foso de modo que en 1910 se vuelve a ordenar su eliminación indicándose que está “convertido hoy en foso de inmundicias”. Ese mismo año se instaló en él un transformador eléctrico que ha permanecido durante casi un siglo hasta su derribo hace escasos meses.

Pedro López Ruiz en sus escritos sobre las festividades y culto de la Stma. y Vera Cruz redactados en 1917 recuerda la existencia del foso y puente a través del testimonio de su padre «me refería, que desde niño hasta la edad de 17 años, conoció el puente levadizo de madera que había unas 15 varas mas abajo de la última almena que hay junto a la puerta del Castillo, cuyo puente lo vio levantarlo dos veces y quedaba cortado el paso por la cuesta, por el foso que había delante de la plazuela de dicha puerta, cuyo foso en otros tiempos era para tenerlo lleno de agua en días de guerra, pero en tiempos a que se refería mi queridísimo padre, este me contaba que lo había conocido con la que solía caer en los temporales de invierno, o con nubes del verano».