Francisco Fernández García

(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Uno de los más documentos interesantes y atrayentes de los conservados en el Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz es una carta manuscrita y autógrafa de Santa Teresa. Se trata de una misiva dirigida a la priora del monasterio carmelita de Caravaca con instrucciones sobre lo que debe de hacer a su llegada a esta villa y tiene como título Memoria de lo que se ha de hacer en Caravaca. Como es sabido Caravaca fue uno de los lugares donde Teresa de Jesús fundó monasterios de su reformada orden, concretamente el número 12, teniendo lugar oficialmente el 1 de enero de 1576, fecha en que se colocó el Santísimo, aunque la llegada de las monjas se había producido a mediados de diciembre del año anterior.

Carta de Santa Teresa

Carta de Santa Teresa

Fue a principios de este año de 1575 cuando Teresa de Jesús tuvo noticia del deseo de varias personas de que fundase un monasterio de monjas en Caravaca, incluso de que había tres jóvenes que habían tomado la determinación de encerrarse y no salir a la calle hasta que se fundase el monasterio y pudieran profesar en él. La noticia llegó al monasterio de San José de Ávila, donde se encontraba la Madre Teresa preparando un viaje a Beas de Segura en donde tenía proyectada otra fundación, mediante un mensajero enviado por Dª. Catalina de Otálora en febrero de ese año. La petición le causó cierto impacto, «vi el deseo y hervor de aquellas almas, y que de tan lejos iban a buscar la Orden de nuestra Señora hízome devoción y púsome deseo de ayudar a su buen intento», por lo que decidió aceptar el ofrecimiento e informada de que estaba cerca de Beas, resolvió viajar a Caravaca a formalizar la fundación tras concluir la de la referida ciudad jienense. Sin embargo, estando en Beas, fue advertida de las dificultades del viaje, «vi ser tan a trasmano y de allí allá tan mal camino, que habían de pasar trabajo los que fuesen a visitar las monjas, y que a los prelados se les haría de mal, tenía bien poca gana de ir a fundarle», por lo que optó por enviar en su lugar al Padre Julián de Ávila y a Antonio Gaytán con el encargo de “ver qué cosa era, y si les pareciesen, lo deshiciesen”. Sin embargo, tras comprobar la seriedad de la demanda, decidieron seguir adelante, formalizándose la escritura de donación de D. Rodrigo de Moya el 10 de marzo, regresando a continuación a Beas para informar a la Madre Teresa: «antes que se vinieron dejaron hechas las escrituras, y se vinieron dejándolas muy contentas; y ellos lo vinieron tanto de ellas y de la tierra, que no acababan de decirlo, también como del mal camino»; Gaytán fue nuevamente enviado a Caravaca con una carta con instrucciones para las monjas y el encargo de que continuase la fundación. Esta carta que llevó Gaytan es la se conserva el Archivo de Caravaca, y aparece mencionada por la propia reformadora en el Libro de las Fundaciones(al que, por cierto, pertenecen todas las frases entrecomilladas y en cursiva relativas a la fundación de Caravaca): «Dile que fuese para que pusiese torno y rejas, adonde se había de tomar la posesión y estar las monjas hasta buscar casa a propósito». Algún tiempo después, estando la Madre Teresa haciendo otra vez preparativos para viajar a Caravaca, llegó la licencia para la fundación, pero al pertenecer Caravaca a la Orden de Santiago se obligaba a que el monasterio estuviese bajo las normas de esta «y las monjas les diesen la obediencia», lo que no fue aceptado por la reformadora por lo que hubo de pedirse una nueva licencia; mientras tanto y para asegurársela solicitó la ayuda del mismísimo Felipe II: «mas hízome tanta merced el Rey, que en escribiéndole yo, mandó que se diese», por lo que de nuevo se suspendió el viaje, marchando el 18 de marzo a Sevilla, donde se ocupó de la fundación de otro monasterio. Precisamente desde aquí planeó de nuevo viajar a Caravaca, pero tampoco fue posible en esta ocasión, encontrándose en esta ciudad, cuando se puso«el Santísimo Sacramento, día de año nuevo del mismo año de 1576», en el monasterio caravaqueño.

Pero volvamos al documento en cuestión. Como ya se ha dicho, la Madre Teresa no llegó a viajar nunca a Caravaca, aunque envió a personas de su confianza para que se encargaran de los trámites, protocolándose toda la documentación ante el escribano caravaqueño Antón Botía, por lo que quedó en su poder, pasando a formar parte del Libro de Registro de protocolos notariales del referido escribano correspondiente a los años 1575-1576. Tras la muerte de Teresa de Jesús su figura fue adquiriendo importancia, iniciándose en 1604 su proceso de canonización, que la llevó a ser declarada beata en 1614 y santa en 1622, por lo que gradualmente la carta fue adquiriendo valor, hasta convertirse en un objeto venerado y apreciado.

La historia de su custodia es ciertamente curiosa. Inicialmente, permaneció en el despacho del escribano Antón Botía hasta su jubilación, pasando posteriormente a su nieto el también escribano Antonio Salmerón y a la muerte de este quedó en posesión de Dª. Ginesa de Reyna, su viuda. Fue en esta época cuando el ayuntamiento se interesó por primera vez por el documento, disponiendo «para que el dicho registro este con la guarda y custodia que combiene” el 10 de noviembre de 1663 “mandar apremiar alos herederos del dicho Antonio Salmeron a que exiuan y entreguen el dicho Protocolo donde esta la dicha Fundazion original y se ponga enel archiuo de tres llaues desta villa», sin embargo, y debido a la devoción que la mencionada señora dispensaba al documento, el 22 de noviembre convinieron dejarlo bajo su custodia hasta su fallecimiento, momento en que sería entregado al ayuntamiento por  Dª. Inés Salmerón y D. Esteban de Morales, su hija y yerno. Pero esto nunca llegó a suceder, ya que en 1740 el ayuntamiento tuvo que requerir nuevamente la entrega del documento, que en esos momentos estaba en poder de Dª. Francisca Marín y Balboa, heredera del Presbítero D. Esteban de Morales, quién a su vez era hijo de los mencionados D. Esteban y Dª. Inés.

En cumplimiento de la orden, el Licenciado D. Diego Felipe de la Torre Ayala, gobernador y alcalde mayor de Caravaca, acompañado del escribano Cristóbal Navarro Arvizú se dirigieron «a casa de dicha Doña Francisca a efecto de recoger el dicho registro assi por el interese comun deel por razon delos instrumentos de que se compone, como por que la instrucción original de dicha Santa Madre deue estar ene. Archiuo deesta Villa, y en la mayor guarda y custodia”. Tras requerir la entrega, «la suso dicha llamo al presente escribano y le entrego el citado registro, que esta enquadernado en tablas con forro colorado, y dado de negro alas cortaduras delas hoxas con manecillas, y para la conserbazion de dicha instrucción tiene vn tafetán, cuio registro se compone de trescientas diez y ocho foxas vtiles, sin las ocho del abecedario que tambien ay en el; Y hauiendo visto esta Villa el dicho Registro, contado sus foxas, que son las que quedan referida y adorado la dicha instrucción dela seraphica Madre, y Mistica Doctora Santa Theresa de Jesus y celebrando y Gloriandose mucho esta Villa de tener obra de tan vendita y santa mano: Acordo se abra el Archibo, y enel se ponga dicho registro, y debiendo esta Villa tenerlo conla decençia posible, y mas seguridad, asimismo acordo se haga vna caxa de Nogal con zerradura, y llabe, y en ella se ponga dicho registro, y la llabe la tenga el Señor Gouernador que por tiempo fuere desta Villa, forrando dicha caxa por dentro en tercio pelo encarnado». De todo ello fueron informados el resto de miembros del ayuntamiento en la sesión celebrada el 5 de julio, quienes dieron «las gracias al señor Governador por lo que se ha interesado en recoger dicho Registro».

Desde entonces la carta se ha conservado en el Archivo Municipal de nuestra ciudad, no así la caja de madera cuya desaparición desconozco cuando se produjo, la carta está algo deteriorada debido a que en tiempos pasados algunos fieles movidos por la devoción retocaron en ella estampas y medallas. Además de todo lo anterior, esta documentación tiene también un gran interés desde el punto de vista histórico, lo que fue ya señalado por D. Julián Martínez-Iglesias en un artículo publicado en el periódico Nueva Erael 16 de noviembre de 1922: «Todos los documentos de los que extractamos estos datos, constituyen un verdadero tesoro y se guardan como preciosa joya en el Ayuntamiento. Pocos en verdad tienen exacta idea de su valor, siendo tanto el contenido en documentos y firmas auténticas de personajes de relevante nombre, que sin quitar el mérito a la Memoria de los que se hace en Caravaca de Santa Teresa de Jesús, documento exhibido a todo visitante de significación, puede decirse que los demas documentos valen a la par de la memoria entregada por la Reformadora a la primera priora Ana de San Alberto».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estalló la discordia entre carmelitas calzados y descalzos en el capítulo general celebrado por aquellos días en Plasencia; en virtud de las bulas pontificias se acordó tratar con rigor a los descalzos, que se habían extralimitado en sus fundaciones, y como fuera el padre Gracián (21 de noviembre), por comisión del nuncio, a visitar a los carmelitas calzados de Sevilla, estos resistieron la visita con gran alboroto. El padre Salazar, provincial de Castilla, intimó a Teresa que no hiciera más fundaciones y que se retirase a un convento sin salir de él. Trató la santa de retirarse a Valladolid, pero se opuso Gracián. En Sevilla estaba Teresa al fundarse en Caravaca(1 de enerode 1576) el duodécimo convento de descalzas. Delatada a la Inquisición por una religiosa salida del convento, eligió para su residencia el convento de Toledo. Dejó Sevilla (4 de junio), llegó a Malagón (11 de junio), y de allí a Toledo, donde ya estaba a principios de julio. Antes de establecerse, marchó al convento de Ávila para arreglar varios asuntos; pero regresó rápidamente a Toledo en compañía de Ana de San Bartolomé, a la que había tomado por secretaria. Allí concluyó el libro de Las fundaciones, las cuales se suspendieron en los cuatro años que duraron las persecuciones y conflictos entre calzados y descalzos. Eligió en Toledo por confesor a Velázquez.