Francisco Fernández García/(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

El 1 de noviembre de 1802 se produjo el primer enterramiento en el cementerio que se acababa de construir en las afueras de la entonces villa de Caravaca. Como es sabido hasta entonces los enterramientos se realizaban en las iglesias y ermitas, en Caravaca se llevaron a cabo en todas ellas a excepción de la dedicada a la Vera Cruz, donde no se efectuó ninguno ni en la primitiva capilla ni en el nuevo templo inaugurado en 1703. En las demás se realizaban en criptas y bóvedas situadas bajo el suelo de la iglesia salvo en el caso de la ermita de Nª Sª. de la Concepción y hospital donde existía además un pequeño cementerio al aire libre anexo a ella.

A fines del siglo XVIII, concretamente el 3 de abril de 1787 se dictó una Real Orden disponiendo la edificación de cementerios fuera de las poblaciones atendiendo al beneficio de la salud pública. En Caravaca, como en muchos otros lugares, se hizo caso omiso de la misma y continuaron con la práctica habitual, cuando se completaba la capacidad se extraían los restos y se traspasaban a los osarios, lo que en muchas ocasiones se hacía sin que hubiera pasado el tiempo suficiente causando inconvenientes y riesgos de enfermedades: «se ha verificado repetidas veces que a el abrir sepulcros en la Parroquial se han estraido de ellos pedazos de cadáveres poblados de carnes berdosas y sin podrir y cabezas con pelo, y en los mismos sepulcros se han introducido nuebos cadáveres”. Esta situación se agravaba mucho mas cuando se producía alguna epidemia ya que el incremento de fallecidos obligaba en algunos casos a aprovechar en exceso el poco espacio existente «en algunos sepulcros de una vez se sepultan quatro», además el aumento de cadáveres recién sepultados ocasionaba ciertos trastornos “se ha notado algún fetor en dichos templos que algún dia han impedido la celebración del santo sacrificio dela misa» y el consiguiente peligro de enfermedades «se experimenta en muchos dias un gran fetor, que puede ocasionar vna epidemia».

En este estado de cosas y ante la noticia de una epidemia de peste que podía afectar a Caravaca, el 28 de octubre de 1800 el Ayuntamiento ordenó la construcción de un nuevo cementerio fuera de la población, dando el correspondiente recado al Vicario para que junto con el Alcalde eligiese «el sitio que encontrasen mas aproposito para el caso, y mas proximo a la Parroquial, y que con menos molestia se conduzcan a el los cadáveres».

El desacuerdo entre las autoridades civiles y religiosas sobre el lugar donde debía ubicarse demoró su construcción durante dos años hasta que en agosto de 1802, acuciados en esta ocasión por una epidemia de fiebres tercianas, el Ayuntamiento aceptó el criterio del Vicario que proponía su construcción en unas eras situadas al final de la calle larga aunque continuó criticando el lugar elegido tanto «“por la ynferioridad del sitio como por ser risca su terreno». Pese a todo el 7 de agosto de ese año se ordenó el comienzo inmediato de las obras prohibiéndose a partir de ese mismo día los enterramientos en todas las iglesias de la población y disponiendo que los que falleciesen mientras no se concluyesen las obras fueran sepultados en el Camposanto del Hospital de la Concepción. Las obras básicas se hicieron con gran celeridad de modo que el 20 de septiembre se indica que «el cementerio proximo al Via Crucis se ynforma hallarse ya concluso», realizándose el primer enterramiento como ya se ha dicho el 1 de noviembre de 1802. Aunque estaba relativamente cerca de la población fue necesario al año siguiente de entrar en funcionamiento aumentar el salario del sepulturero a cien reales anuales para que tuviese la obligación de mantener una caballería para el traslado de los difuntos.

En 1847, el presbítero Martínez Iglesias en su libro Historia de Caravaca y del aparecimiento de la Santa-Vera Cruznos proporciona de él la siguiente descripción: «El Cementerio ó Campo Santo, situado al Norte de la población, es un cuadro bastante espacioso, cercado de tapieria; y al Poniente del mismo se halla construida una bonita capilla para celebrar el santo sacrificio de la Misa por las almas de los difuntos, y ofrecer los demas sufragios que la Santa Iglesia tiene de costumbre: a la derecha de la misma capilla hay otra que sirve de depósito; y á su izquierda un panteón destinado únicamente para los eclesiásticos que lo costearon».

En 1877 se hicieron obras de reparación y ensanche ya que comenzaba a escasear el terreno desocupado, autorizándose en ese momento el enterramiento en nichos. La remodelación comenzó con el desmonte y explanación del terreno que se realizó durante los primeros meses de este año a base de pólvora, utilizando gran cantidad de peones, hasta trescientos en el mes de febrero. En septiembre se produjo un derrumbe que obligó a contratar un gran número de peones en los meses siguientes.

Durante estas obras se construyeron cuatro galerías de nichos al aire libre que recibieron los nombres de Santísima Cruz, Concepción, Ánimas y Virgen del Carmen, así como una subterránea, caso único en la región, conocida como la bóveda a la que se descendía por unas escaleras situadas frente a la fachada. Por tradición oral sabemos que en ella los nichos se situaban a los lados, existiendo asimismo unas pequeñas ventanas que suministraban luz al interior. El resto de los enterramientos se hacían en sepulturas de suelo y panteones.  Las obras se realizaron con mucha lentitud debido a las dificultades económicas, de modo que una década después todavía no se habían concluido; en 1886 se produjo un incendio en el que sufrieron graves daños los tejados de las galerías. En junio de 1887 la prensa regional publicaba la noticia de la celebración de una junta en el Ayuntamiento en la que los mayores contribuyentes de la ciudad se reunieron para acometer la finalización de las obras ante la negativa del Obispado a costearlas.

Este cementerio estuvo en uso hasta la entrada en funcionamiento del que actualmente se utiliza en 1939, momento en el que empezó a denominarse popularmente como Cementerio Viejo. Posteriormente fue vaciado y demolido, tras trasladar los restos al nuevo. En su solar se construyó en 1984 un jardín, conservándose este uso en la actualidad.